El presente libro constituye una aportación imprescindible y clarificadora para mostrar un punto de vista más profundo y matizado del cristianismo, fundamento común de toda la civilización de occidente.
En el ámbito de la historia occidental hay instantes y sitios caracterizados por una significativa intensidad cultural o religiosa que han marcado indudablemente el desarrollo de su vida social posterior. Uno de ellos fue el Mediterráneo oriental en los siglos de antes y después del inicio del cristianismo, una de las enormes cosmovisiones que forma parte intrínseca de la historia de la humanidad y cuyas consecuencias percibimos aún en la actualidad. Pero en el terreno de la historia no se conoce en profundidad ningún hecho si no se estudian antes sus raíces y condicionantes. En este sentido, el libro que el lector tiene delante es un estudio con detalle de los orígenes del cristianismo desde el rigor y la exhaustividad académicas.Orígenes del cristianismo es una obra de colaboración con especialistas judíos y cristianos de distintas confesiones e investigadores independientes que exponen sus ideas y pensamientos acerca del tema y contribuyen con sus aportaciones —algunas de ellas, como observará el lector avispado, muy originales— a una visión más honda y compleja del cristianismo.
Este volumen es el primer tomo de un ambicioso estudio sobre la vida de José Lezama Lima, una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Además de una biografía rigurosa, es un retrato de la llamada «generación de Orígenes» y una reflexión sobre la cultura letrada en Cuba. La primera parte se concentra en el periodo 1910-1939 y está precedida por un análisis de la genealogía de Lezama y de los cruces decimonónicos entre la cultura cubana y la española, desde la guerra de independencia de 1868 hasta la fundación de la República. El autor se detiene también en las estancias cubanas de tres escritores fundamentales en la vida del joven Lezama Lima: Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano.
El amotinamiento corrió como un reguero de pólvora por los buques de guerra de madera durante la Era de las Revoluciones. Mientras por toda Europa los comuneros asediaban a la nobleza y los trabajadores esclavizados incendiaban las islas-plantación, en los océanos, decenas de miles de marinos de guerra apuntaban sus armas al alcázar y derrocaban el gobierno absoluto de los capitanes. A comienzos de la década de 1800, entre un tercio y la mitad de todos los marineros que prestaban servicio en el Atlántico Norte habían participado en al menos un motín, muchos de ellos en varios, y algunos incluso en navíos de diferentes armadas.En Bandera de sangre, el historiador Niklas Frykman relata con una vibrante prosa, cómo una década de conflictos violentos a bordo dio origen a una forma distinta de radicalidad política que aunaba la cultura igualitaria de las comunidades marítimas del Atlántico Norte con el republicanismo constitucional de la era revolucionaria. El intento de establecer una república marítima radical fracasó, pero la bandera roja que ondeaba en los mástiles de los buques amotinados sobrevivió hasta convertirse en el símbolo más duradero de la lucha de clases, la justicia económica y la libertad republicana hasta nuestros días.