Ante la intolerancia, queda siempre Voltaire. Nadie ha escrito mejor ni de forma más precisa contra un mal endémico y secular que aún hoy nos golpea.
Cree lo que yo creo y lo que no puedes creer, o perecerás. Cree o te aborrezco; cree o te haré todo el daño que pueda. >> Ese era el dogma del fanatismo según Voltaire. Y, como los atentados contra Charlie Hebdo volvieron a demostrar, ese sigue siendo hoy, dos siglos y medio después. Así que no es casual que este autor se haya convertido en el fenómeno editorial del momento en Francia, con más de 150.000 ejemplares vendidos en un solo mes.
Voltaire, la estrella editorial de la rentrée, como tituló Echo, fue según Savater el primer intelectual, un pensador que nunca se conformó con entender el mundo, sino que ansiaba transformarlo y que entendió como nadie antes que el texto era un poderoso instrumento de propaganda. De ahí su estilo directo, divertido, nunca frívolo, en el que prima siempre la voluntad pedagógica. Los paralelismos entre autor y editor son claros. En Savater reconocemos a Voltaire y por eso nadie mejor que él para exprimir su pensamiento y hacer lo que él nunca hizo, exponerlo en forma de máximas y aforismos. Se nos permite así conocer a un hombre genial, que dedicó su vida a combatir a siglos de intolerancia, de rutinas dogmáticas, de autoridad mal entendida y peor ejercida. ¿Sus armas? Una aguda inteligencia y un espíritu sarcásticamente irreverente que impregnan toda su obra.
Este libro da cuenta de esa revolución o de esas revolucionesw. Es la biografía canónica y de absoluta referencia de Thoreau, en la que se relatan los viajes interiores y exteriores de un hombre que ha marcado la historia universal.
Este libro tiene su origen en las clases de filosofía política que Rawls impartía regularmente en Harvard en la década de 198O. Con el tiempo, las clases se convirtieron en una reformulación de su teoría de la justicia como equidad, revisada a la luz de sus artículos más recientes y de su tratado El liberalismo político (1993). Como escribe Rawls en el prefacio, la reformulación presenta «en un único lugar una exposición de la justicia como equidad tal como la entiendo ahora, apoyándome en todos esos trabajos». El libro ofrece una amplia visión de sus principales líneas de pensamiento y explora asimismo temas específicos que nunca fueron abordados en ninguno de sus escritos. Rawls es consciente de que, desde la publicación de la Teoría de la justicia en 1971, la sociedad se ha alejado aún más de la idea de la justicia como equidad. Sus ideas conservan, empero, todo su vigor y relevancia para los debates de una sociedad pluralista en torno al significado y la viabilidad teórica del liberalismo. Este libro demuestra que puede alcanzarse la claridad moral aun cuando el compromiso colectivo con la justicia sea incierto.