Cada periodo histórico y cultural crea sus propios monstruos, dependiendo de los temores y valores que la sociedad va estableciendo y proclamando. La época victoriana, pródiga en seres monstruosos, constituye un momento en el que el sueño de la razón, impulsado por un avance tecnológico y científico sin precedentes, y sustentado por un vasto imperio de ultramar, produjo toda suerte de aprensiones, inquietudes, obsesiones y ansiedades que se plasmaron en la literatura y en el entorno circundante mediante monstruos ficticios e imaginarios... y tristemente reales, como es el caso de Jack el Destripador, producto de aquel tiempo y aquel momento. El primer asesino en serie «moderno» de la historia personifica y culmina de manera espeluznantemente real la monstruosidad que, de manera imaginaria, se venía forjando en las páginas de numerosos autores victorianos.
Pocos conflictos han generado tal cantidad de libros como la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, prácticamente ninguno se detiene a analizar el papel que jugó el radar en ese conflicto.
Este dispositivo permitió a los contendientes detectar de manera anticipada los movimientos de los adversarios tanto por mar como, sobre todo, por aire.
La obra, abundantemente ilustrada con imágenes y fotografías de la época, recorre la historia del radar, desde sus orígenes en el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores.
Es cuestionable afirmar que el radar ganó la guerra, pero sí contribuyó decisivamente a que los aliados obtuviesen la victoria en ciertos escenarios. Y no solo eso, sino que, como explica bien este libro, el radar cambió decisivamente el mundo.
Educar no es una fórmula aprendida y fija, sino una aventura vital que te reta una y otra vez a revisar quién eres y cómo quieres vivir. Nos lo recuerda la educadora Marina Escalona en estas páginas llenas de reflexiones y preguntas. Una invitación inspiradora y enriquecedora para descubrirnos y crecer en familia.
Los niños, adolescentes y jóvenes de hoy en día son, por desgracia, protagonistas de periódicos y estadísticas por el creciente numero de crisis de ansiedad, depresiones, trastornos alimenticios y suicidios que sufren. Crisis que se han agudizado y hecho más visibles en estos años de pandemia. Su motor interior, ese sofisticado engranaje de emociones, pensamientos y acciones, no encuentra la forma de fluir con los dolores cotidianos y este cúmulo de interrogantes y desatenciones se convierte en una carga insostenible. Este libro ofrece una mirada nueva y recursos concretos y aplicables en el día a día para hacer de cualquiera de las pruebas que nuestros hijos y alumnos se encuentran en el camino una oportunidad de crecimiento, de creatividad, de confianza, de libertad no exenta de responsabilidad, de fuerza vital. Miremos la vida como un juego donde padres e hijos; adultos, niños y jóvenes, podemos pasar de ser pasivos sufridores de sus trampas, a ser jugadores conscientes, co-creadores de todos sus movimientos, para no dejar nunca de crecer en ellos. Lo importante es saber desde dónde vivimos cada mañana la partida que nos ofrece el día. Tomar conciencia de esto puede cambiar completamente la vida y volver a poner en marcha nuestro motor interior.