Un fantasma recorre el mundo. Pero este ya no es el espectro del comunismo. Sus nombres son muchos y están en boca de todos: colapso, catástrofe, crisis, final. Su presencia se ha ido imponiendo paulatinamente bajo la forma de pequeños apocalipsis climáticos (inundaciones mortales, grandes incendios, pavorosas sequías), crisis económicas inéditas (la Gran Recesión iniciada en 2008) y una nueva generación de guerras y genocidios (Ucrania, Palestina, Yemen, Sudán del Sur). Por poner las cosas aún más sombrías, sospechamos que estos son solo el aperitivo de algo mucho peor. Vivimos de hecho en la certeza de que la catástrofe es ya nuestro presente. Y sin embargo, tratamos de pasar el rato como si nada de esto nos afectara, inmunes al desastre presente y por venir, satisfechos con una vida todavía no demasiado penosa y siempre ensimismada con mil formas de entretenimiento.
Este libro trata sobre esa perplejidad que agarrota a las poblaciones ricas del planeta, todavía protegidas para lo que viene pero ya expuestas a sus primeros efectos. El cóctel de factores que analiza van desde el nihilismo despreocupado y hedonista con el que afrontamos la catástrofe hasta la afectación moralista e impotente de las guerras culturales, desde la estetización del final de nuestro mundo hasta la inercia de una izquierda todavía aferrada a las promesas del progreso. Todo ello sin dejar de elaborar una crítica a la economía política de la crisis, un análisis de los determinantes sociales de esta paradoja e incluso proponiendo algunas vías para superar nuestra persistente impotencia.
¿Puede una paloma marcar el destino del próximo líder espiritual de mil millones de personas? ¿Qué reunión arranca con el golpe de un martillo de plata sobre la cabeza de un cadáver ilustre? ¿En qué elección mundial reina el silencio absoluto... mientras muchos sospechan que el Espíritu Santo ya ha elegido? Eso no estaba en mi libro de historia de los cónclaves se adentra en el engranaje más cerrado, simbólico y desconcertante de la Iglesia católica: la elección del papa de Roma. El sacerdote y vaticanista Mateo González Alonso combina historia, crónica y singularidades para mostrar lo que rara vez se revela durante un proceso de sucesión pontificia: cardenales que entran con maletas registradas, chistes sobre perritos antes de comer, votos susurrados bajo los frescos de Miguel Ángel y ujieres que apremian a los rezagados antes de cerrar las puertas con llave. A medio camino entre el poder terrenal y una fe que sobrepasa lo visible, el cónclave es una ceremonia sagrada que apenas ha cambiado desde el siglo XIII, aunque hoy las sotanas pasen por escáneres antiespías y las normas se actualicen. Y, pese a todo, continúa siendo un acto de fe. Aunque haya intrigas, acuerdos tácitos y candidaturas disfrazadas de humildad, siempre queda espacio para lo inesperado. Como aquel día en que un cardenal olvidó preparar discurso y acabó saludando al mundo como sucesor de san Pedro. Entre anillos, votos secretos, rezos y pasillos, se decide algo más que un liderazgo espiritual. Se mide el pulso de una institución que resiste, se transforma y aún sorprende. Allí no solo se elige a una person se escenifica un misterio.