Bosques, selvas y humedales en llamas. Poblaciones perdidas bajo inundaciones imprevistas. La diversidad de flora y fauna de grandes zonas diezmada por los efectos irreversibles de la contaminación. Fortunas inconmensurables concentradas en las manos de unos pocos, en un mundo donde millones de personas pasan hambre. Infinidad de vidas perdidas a diario. No se trata de escenas de una película catástrofe: son las imágenes reales que nos llegan de manera cotidiana, desde todos los rincones del planeta. De este planeta, que está colapsando. Después de dejar pasar grandes oportunidades, la puerta a un hábitat sustentable se ha cerrado. Hoy enfrentamos las consecuencias de un cambio climático descontrolado y empezamos a vivir el agotamiento de los recursos naturales. En otras palabras, no se trata de un dilema para las próximas generaciones, sino que ya mismo estamos presenciando el desmoronamiento de la civilización industrial. ¿Qué nos espera en los años venideros?
La persistencia de la pobreza infantil avergüenza y degrada moralmente a la sociedad que la consiente al tiempo que expresa su miopía y desinterés por el futuro: invertir en el bienestar de la infancia mejora la cohesión social en el presente y sienta las bases de un mañana más próspero.
En este libro, José Antonio Alonso, especialista en economía del desarrollo, ofrece un análisis esclarecedor, profundo y comprehensivo de una realidad compleja que a todos interpela. Para ello explora los diversos rostros con los que se presenta la pobreza infantil en una sociedad que califica como fractal, y discute sus causas y las medidas para combatirla, tanto en los países pobres como en los más desarrollados.
Lejos de considerarlos seres pasivos, solo necesitados de protección, el autor subraya la capacidad de agencia de los menores y su condición como sujetos de derechos, capaces de incidir sobre su entorno. Este reconocimiento le lleva a discutir las responsabilidades que respecto a ellos tiene toda sociedad que se autoproclame decente, de acuerdo con criterios convenidos de justicia.
Las limitaciones en la traslación de este reconocimiento al espacio de los derechos políticos, de voz y voto, sitúa a los menores en desventaja respecto a otros colectivos en la pugna por los recursos públicos. Corregir este sesgo implica, en opinión del autor, construir un suelo mínimo de garantías universales sobre el que definir políticas más especializadas que pongan al bienestar de los menores en el centro de sus objetivos.