El apoderamiento se erige, pues es la vara mágica que admite la posibilidad de la válida actuación de un tercero en la esfera jurídica propia. Mientras el apoderamiento se mueve con exclusividad en el ámbito de la autonomía privada, como manifestación concreta de ésta, la representación es ese megaconcepto que incluye no solo la de naturaleza voluntaria, sino también la imperativa o legal y la orgánica, expresión de la naturaleza fisiológica que tienen los órganos de representación en las personas jurídicas, tentáculos a través de los cuales actúan estas. Todo apoderamiento tiene por finalidad una ulterior representación. No toda representación tiene por fuente el negocio de apoderamiento. En el orden instrumental el apoderamiento se documenta por escritura pública clasificando esta como una escritura preparatoria que se dirige a un fin concreto, a saber: la instrumentación ulterior de la escritura principal en la que se contiene el negocio representativo, o sea, el negocio en el que una o ambas partes actúan a nombre y en representación de quien en su día otorgó el apoderamiento.
Mucho se ha investigado sobre las causas y los tratamientos de la depresión. Poca atención, sin embargo, se le ha prestado a sus sentidos más profundos. En este ensayo tan filosófico como personal y poético, Eva Meijer entreteje sus propias experiencias con agudos análisis y reflexiones. "No creo que entender mejor lo que es una depresión pueda curar a las personas -escribe Meijer-, sin embargo, tiene su valor. La depresión es más que un problema químico: las cuestiones que preocupan a las personas deprimidas son las fundamentales del ser humano".
Recurriendo a fuentes filosóficas, artísticas y literarias, a recuerdos personales y a estudios científicos, este breve y potente ensayo explora qué es y cómo se siente una depresión, e interroga para ello la dimensión corporal de las emociones, los beneficios de la terapia y la conversación, el modo en que el lenguaje nos da forma y el rol que juegan la historia y la cultura en la construcción y comprensión de los malestares y las enfermedades.
Con su prosa sensible y aguda, Los límites de mi lenguaje es una meditación estimulante y conmovedora que, sin evadir las preguntas difíciles y los terrenos oscuros, se lanza a la búsqueda de todas aquellas cosas, grandes o pequeñas, nobles o inútiles, a las que podemos aferrarnos para darle sentido a la vida.
Antonio Gala aparece como una figura insustituible, un fenómeno insólito, en el espacio mediático de la transición y la democracia. Sus obras teatrales batieron récords de taquilla, sus novelas encabezaban las listas de ventas, sus intervenciones públicas eran verdaderos acontecimientos, pero, sin duda, fueron sus columnas en la prensa las que le concedieron un reconocimiento y visibilidad extraordinarios, pese al silencio o el recelo de una parte de la crítica y del mundo intelectual. Desde la tribuna del Parlamento de papel, el escritor ha acompañado a sus lectores durante algo más de cuarenta años, legándonos un testimonio incomparable. Estas columnas no han perdido un ápice de su vigencia y mantienen vivos la reflexión, el análisis y la emoción compartida. Recorriendo las variadas formas que adoptó su compromiso, Françoise Dubosquet Lairys nos invita a acompañar a la figura en su paisaje, a escuchar una voz que se levanta como un grito individual pero solidario, ya que acoge las voces de los herederos de una historia hiriente. Los artículos de Gala nos hablan del ser frente a su tierra, sus penas, sus amores perdidos o quebrados, sus angustias y alegrías. Desde la triple fidelidad a sí mismo, a su tiempo y a su pueblo, el fino observador de toda una época propone una forma de pensar el mundo que nos rodea, a través del diálogo entre el pasado y el presente.