El período Sengoku de Japón, conocido como el «período de los Estados Combatientes», fue una época de profunda crisis, guerra constante y cambio social entre los siglos XV y XVII. En esta época, ascendieron al poder samuráis procedentes de la clase militar rural, hombres violentos que se hicieron con el poder en un país asolado por la serie de guerras que llevarían a la unificación de Japón.
En el centro de estos acontecimientos estuvieron Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu. Danny Chaplin entrelaza por primera vez los relatos épicos de estas tres figuras clave en un volumen imprescindible que abarca todo el período Sengoku. Acompañaremos a estos grandes guerreros en sus batallas más importantes, desde Okehazama hasta los dos asedios del castillo de Osaka, pasando por la decisiva batalla de Sekigahara, y veremos también las estructuras políticas y administrativas de sus respectivos gobiernos, sin olvidarnos del papel de los occidentales y el cristianismo en la sociedad japonesa de principios de la Edad Moderna.
El nacionalsocialismo convirtió el cuerpo en un elemento central de su proyecto político y social. Durante aquel periodo, la imagen y muy especialmente el cine actuó como un instrumento decisivo para moldear identidades individuales y colectivas. En el encuentro entre estética y poder surge la noción de «cuerpo contenido» como clave interpretativa de la simbología nacionalsocialista: un cuerpo disciplinado y ajustado a los principios del régimen.
La visión del cuerpo promovida por el nacionalsocialismo alcanzó su expresión más influyente en la obra cinematográfica de Leni Riefenstahl, en particular en sus películas El triunfo de la voluntad y Olimpiada. Sus innovaciones formales y narrativas contribuyeron a consolidar un «realismo idealista» que no solo dio soporte al imaginario nazi, sino que ha seguido proyectándose, de manera sutil pero persistente, en la estética contemporánea.
«El cine de Leni Riefenstahl no solo documentó un régimen: creó una estética del cuerpo que contribuyó a convertir la ideología en espectáculo». (Nayra Sanz)
La correspondencia de los Lósev es un documento excepcional sobre la vida cotidiana en el Gulag: el frío, el hambre, el trabajo general, los criminales, los traslados, las incesantes gestiones para obtener la revisión de la sentencia, la oscuridad, la humedad, las literas estrechas, la vida en barracas donde los hombres se hacinan como arenques... En lo más profundo de este infierno dos voces resuenan, formando una sola. La primera se rebela, se muestra alterada, en búsqueda de una serenidad difícil de encontrar. La segunda voz, sin embargo, es suave, regular, tierna, íntima. Valentina Loseva solo busca consolar el alma agotada de su compañero. La correspondencia de los Lósev no fue publicada íntegramente en Rusia hasta 2005. Por tanto, es una oportunidad única para conocer el alma de un gran intelectual y buscar con él la esencia del ser humano.