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GEOPOLITICA Y GLOBALIZACION EN EL S. XXI

Desde la primera expansión europea, Occidente ha sido el eje sobre el que pivotaba todo el sistema internacional. Hoy en día vive un periodo de crisis permanente frente al auge demográfico y económico de las potencias asiáticas. Esta crisis afecta a todo el conjunto de Occidente, no solo a Europa, sino también a EE. UU. y a todas las potencias asimiladas: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, etc. etc. Es evidente el crecimiento de los países en desarrollo, tanto desde el punto de vista económico como demográfico, y por tanto es necesario encontrar un nuevo equilibrio político con los nuevos actores. Las crisis del siglo XXI han puesto de manifiesto la debilidad de Occidente, no solo desde el punto de vista del poder político, debido a la fragmentación de la hegemonía americana, si no sobre todo a la aparición de nuevos poderes en China o India; económico con la pro funda crisis financiera de 2008 que se llevó por delante la confianza en el nuevo capitalismo financiero, moral con la crisis de valores que supuso la imprevisión frente a la oleada islámica, y sobre todo la falta de una respuesta adecuada más allá del fracaso militar, y finalmente el suicidio de Occidente. Occidente debe salir de las trampas en las que ha caído, reforzar su identidad occidental y por lo tanto cristina, recuperar sus verdaderos valores y así podrá hacer frente a los han puesto en peligro su hegemonía y su futuro, unos viejos conocidos por otro lado: el islam y Asia. Occidente debe volver a las raíces culturales que le hicieron fuerte, si quiere evitar su desintegración definitiva y para ello es necesario contar con la ortodoxia rusa lo que hará posible, como le su cedió a Roma en Bizancio, recuperar la hegemonía de Occidente a través unos valores y una moral que hoy ha abanado.
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ROMANAS. VOCES RESCATADAS

Roma, nombre de mujer, ciudad encarnada en diosa. Y, sin embargo, cuando se narra su historia, no escuchamos las voces de las romanas, enmudecidas en unas fuentes escritas por y para los hombres. ¿Podemos rescatar esas voces, podemos desafiar un silencio milenario e intentar recuperar lo que emperatrices, libertas o esclavas dijeron y sintieron? Cristina Rosillo López, reconocida experta en la antigua Roma, responde en Romanas. Voces rescatadas a este desafío nunca antes planteado: sí, se puede contar la historia del mundo romano empleando únicamente fuentes escritas por mujeres, desde cartas a epitafios o grafitis. Mujeres de la élite, como una Livia o una Agripina que escribió sus Memorias, pero también trabajadoras como Amica y Detfri, que escribieron sus nombres en una teja junto a las huellas de sus zapatos. Una historia contada por ellas, porque las experiencias femeninas son también universales: nos hablan de elecciones y de alta política, de comercio y de trabajo, de ciencia y de cultura, de amor y sexo, de cuidados, dolor y de la pérdida de seres queridos… Sus voces en primera persona nos hablan, en suma, de la vida en Roma a través del prisma femenino, porque la historia no son solo grandes procesos y revoluciones, batallas y conflictos, sino también las pequeñas historias que nos hablan del día a día.
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LA EDUCACION COMO PRACTICA DE LIBERTAD

La educación de las masas es el desafío fundamental de los países en desarrollo, una educación que, liberada de todos los rasgos alienantes, constituya el motor del cambio social. Por consiguiente, la opción se da entre una pedagogía «para la domesticación» y una pedagogía «para la libertad», entre «una educación para el hombre-objeto» y «una educación para el hombre-sujeto». Paulo Freire considera que, dentro de las condiciones históricas de la sociedad, es indispensable una amplia concienciación de las masas a través de una educación que les permita reflexionar sobre su espacio y su tiempo. Está hondamente convencido de que la elevación del pensamiento del individuo, «que suele llamarse, apresuradamente, politización», comienza exactamente con esta autorreflexión que lo lleva a profundizar su toma de conciencia y, sobre todo, a transformar su inserción en la historia, ya no como espectador, sino como actor y autor. La pedagogía de Paulo Freire es, por excelencia, una «pedagogía del oprimido», que no postula modelos de adaptación ni de transición de nuestras sociedades, sino de ruptura, de cambio y de transformación total. La alfabetización, y por consiguiente toda la tarea de educar, solo será auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad nacional, en la medida en que pueda gestar en el educando un proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad.
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