Si un perro pudiera escribir un libro de filosofía estaríamos más cerca de entender el verdadero sentido de la vida.
El filósofo y profesor Mark Rowlands se basa en su propia experiencia con perros, en las ideas de filósofos como Sócrates, Hume o Sartre, y en la vanguardista psicología de la cognición canina para explorar el modo en que los perros experimentan y disfrutan del mundo y de este modo acercarnos a una mejor comprensión de nosotros mismos. Es inevitable que los dueños de perros se pregunten a veces por la felicidad y los sentimientos de su mascota y, vista la exuberante felicidad con la que un perro experimenta las actividades más simples y rutinarias, también es inevitable preguntarse si las respuestas que nos darían no serían mejores que las nuestras a la hora de abordar temas como la naturaleza de la bondad, lo que significa la amistad y si es posible una vida plena.
Adentrándose en la moralidad, las libertades, la conciencia, la inteligencia y el amor por la vida de los perros, Rowlands nos descubre que tienen una manera única de existir que equivale casi a una perspectiva filosófica diferente.
Trece años después de publicar una irónica y férrea defensa de la igualdad de género en La mujer del porvenir y probablemente inspirada por History of Woman Suffrage, de Elizabeth C. Stanton, Susan B. Anthony y Matilda J. Gage, Concepción Arenal cuestiona que el rol femenino de ángel del hogar sea tan virtuoso como muchos consideran.
La mujer de su casa es un texto fundamental en la historia del feminismo español. Mordaz, afilado y directo, señala una gran paradoja: ¿por qué se convierte a madres y esposas en faros morales de sus familias al tiempo que se les cierran las puertas a cualquier otro tipo de decisión o protagonismo en la esfera pública?
En el colegio te decían que eras inteligente pero vago. Te consideras perezoso, aunque te esfuerzas. Te despistas y no te enteras de lo importante en las conversaciones. Pierdes objetos y nunca recuerdas dónde aparcas el coche. Llegas tarde a todas partes y procrastinas mucho. Cambias de humor sin saber por qué y confundes horas, fechas y lugares. Te aburres con facilidad y dejas las cosas a medias. Haces gastos innecesarios. Interrumpes las conversaciones. Vives en una sensación de caos continuo. Padeces ansiedad o tendencias adictivas. Has visitado psiquiatras y psicólogos, pero sientes que no te entienden.