La Armada española encarna una gran historia de éxito, a pesar de las numerosas mentiras que persiguen sus principales victorias y sus supuestas derrotas. El mayor especialista en este campo en España se sirve de tres episodios repletos de bulos para destapar su leyenda negra.
En estas páginas se analiza la rivalidad con Inglaterra que ha dado lugar a tanta desinformación. Ni España perdió el tridente de los mares en el siglo XVIni la Armada Invencible fue la gran derrota militar que la propaganda anglosajona dejó escrita. Además, la batalla de Trafalgar puso en valor cómo la Armada Ilustrada, arrastrada por errores políticos hacia un auténtico desastre, supo actuar de manera profesional y heroica incluso en las circunstancias más adversas.
La guerra contra Estados Unidos de 1898 sirve de colofón a esta manipulación del pasado. La brevedad del conflicto y el trabajo de la prensa amarillista dieron a entender que una flota de velas y madera, sin puntería ni cañones modernos, había sido arrasada por una fuerza acorazada y una tecnología superior. Un simple análisis de las fuerzas enfrentadas expone la falsedad de esta visión aún vigente.
Lejos de ser una fuerza anticuada o en decadencia, el poderío español se mantuvo en vanguardia desde los albores de la Edad Moderna hasta comienzos del siglo XX.
La idea de la universidad es la obra cumbre sobre educación de Newman, una defensa elocuente de la educación superior, del aprendizaje del saber por el saber mismo, un libro crucial en el que se ahonda acerca de la naturaleza de la transmisión de las ideas y se indaga en la sabiduría de la cultura académica, el propósito de la enseñanza y la importancia de la teología y su relación con otras disciplinas y los estudios clásicos. Esta edición completa, reunida por primera vez en un solo volumen, con nueva traducción, es sin duda un libro de provecho para todos aquellos lectores que disfrutan aventurarse en la búsqueda de la verdad. Una universidad como la que Newman propone en este libro clásico entronca bien con ciertas palabras del cardenal Ratzinger, pronunciadas precisamente en un aula de la Sorbona en 1999: aunque, la «síntesis entre razón, fe y vida que ha hecho del cristianismo una religión universal» no sea ya convincente hoy día, «el cristianismo, tanto hoy como en el pasado, sigue siendo la opción por la primacía de la razón y la racionalidad».
El tiempo en que vivimos a menudo se vuelve aburrido, a veces oscuro. Ocurre cuando perdemos de vista lo que es realmente importante. La práctica del cuidado es fundamental para la vida: cuidado de uno mismo, de los demás, de las instituciones, de la naturaleza. Sin cuidado, no puede haber buena vida para el ser humano. Pero en una cultura neoliberal, no se presta la debida atención al cuidado. Cuando las actividades esenciales del cuidado ―las que proporcionan lo que alimenta la vida, las que reparan situaciones difíciles, las que construyen mundos― no reciben el debido reconocimiento, la política se marchita, pierde su capacidad de promover una vida plenamente humana. Es hora de que la política se repiense a sí misma para convertirse en una política del cuidado.