Ejércitos virtuales, trolls, campañas de desinformación, difusión de teorías conspirativas y extremistas, intervenciones ilegales en elecciones y conflictos armados… Vivimos en guerra sin saberlo.
Detrás de ese fenómeno global se esconden las guerras cognitivas, verdaderas estrategias de manipulación mental por medios digitales convertidas en un canal subterráneo de poder que ya mueve el mundo. Sea en Ucrania o en Gaza, en las elecciones de Estados Unidos o Rumanía, o en los movimientos geopolíticos de China. El poder de influencia se ha desplazado a la trastienda tecnológica, a los ejércitos virtuales, los bots y las aplicaciones de la Inteligencia Artificial, capaz de manipular informaciones, difundir mentiras, hundir reputaciones, propiciar odios y xenofobias, y hasta crear conflictos en la vida real que acaban en sangre, en masacres, en guerras…
Insisten en que son solo un grupo de amigos, pero canalizan millones de dólares a través de corporaciones libres de impuestos. Afirman desdeñar la política, pero los congresistas de ambos partidos los describen como la organización religiosa más influyente de Washington. Dicen que no son cristianos sino simplemente creyentes. Detrás de cada Desayuno Nacional de Oración desde 1953 han estado ellos: una red de élite entregada a una religión de poder para los poderosos, un evangelio del capitalismo bíblico, el poder militar y el imperio estadounidense. Son la Familia, la vanguardia del fundamentalismo, que libra una guerra espiritual en los pasillos del poder estadounidense y en todo el mundo. Se consideran los nuevos elegidos: congresistas, generales y dictadores extranjeros que se reúnen en celdas confidenciales para orar y planificar un liderazgo dirigido por Dios, que se ganará no por la fuerza sino mediante una diplomacia silenciosa. Su base es una finca frondosa con vistas al Potomac en Arlington, Virginia, y Jeff Sharlet es el único periodista que ha informado desde dentro de sus muros. La Familia es aproximadamente la otra mitad del poder fundamentalista estadounidense: no sus masas enojadas, sino sus élites sofisticadas.
Una investigación meticulosa sobre los recientes levantamientos que pretendían reestructurar las sociedades en todo el mundo, pero que con demasiada frecuencia fracasaron. Entre 2010 y 2020 muchas más personas participaron en diversas protestas que en cualquier otro momento desde los sesenta. Pero no vivimos en un mundo que, como resultado de ello, sea más justo y democrático. Vincent Bevins se propone responder una pregunta fundamental: ¿cómo es posible que tantas protestas masivas condujeran a lo contrario de lo que pedían? Desde la llamada Primavera Árabe hasta las protestas del Parque Gezi en Turquía, la erupción de la «V de Vinagre» en Brasil, el levantamiento Euromaidán en Ucrania y los movimientos estudiantiles en Chile y Hong Kong, Bevins ofrece un análisis de estos movimientos y sus consecuencias, revelando cómo la sabiduría convencional sobre el cambio revolucionario en 2010 estaba equivocada. A través de más de doscientas entrevistas en doce países, realizadas a lo largo de cuatro años, reconstruye cuidadosamente las protestas masivas que definieron una década, para comprender por qué estas poderosas explosiones y apasionadas llamadas al cambio no han producido la revolución que soñaban.