Esta historia también empieza en un lugar de La Mancha. Allí, hace miles de años, surgió la primera sociedad hidráulica de nuestro continente. Mucho tiempo después la sed llenó esas tierras de vides, olivos y cereales. Entre ellos nació Virginia Mendoza, cuya historia personal y familiar está ligada sutil pero irremediablemente a la falta de agua. En este sorprendente libro recoge y conecta viejos y nuevos descubrimientos científicos con un sinfín de relatos heredados insólitos, emocionantes y llenos de vida que hablan de quiénes fuimos y quiénes somos hoy.
La sed nos persigue y nos impulsa, nos enseñó el arraigo y el desarraigo. Empujó a nuestros antepasados más allá de África y, decenas de miles de años más tarde, asentó a sus descendientes junto a los pocos ríos caudalosos que quedaban. Es posible que nos ayudara a inventar el pan, pero también nos hizo conocer el hambre. Asistió al origen de civilizaciones, y también a su colapso. Nos llevó a mirar al cielo, a unir estrellas, a crear dioses de la lluvia y a una curiosa convivencia entre la fe y la ciencia durante la Pequeña Edad de Hielo: mientras unos invocaban la lluvia con danzas y rogativas, otros fundaban disciplinas para predecirla, medirla y retenerla.
Escrito desde uno de los puntos menos lluviosos y más amenazados por la desertización de Europa, este libro nos conduce a un fascinante viaje por el mundo y la historia, así como por los retos a los que nos enfrentamos como especie. La sed nos une, nos divide y no ha dejado ni dejará de acompañarnos, pues somos agua en busca de agua.
«Es imprescindible recuperar la voluntad de acuerdo. Sin un gran compromiso político nacional será imposible cualquier reformismo capaz de afrontar los enormes desafíos de nuestro tiempo».
A caballo entre las memorias, el ensayo y el manifiesto, Nicolás Redondo Terreros, una de las voces más autorizadas y coherentes de nuestro país, hace un llamamiento a la cordura, un elogio de la España constitucional y una advertencia frente al embudo de crispación y sectarismo en el que parece precipitarse la política española.
En su análisis del poderoso auge del nacionalismo y el populismo, que afecta a las democracias representativas en todo el mundo, constata un giro determinante: el PSOE, el único partido de la Transición que sigue en pie, protagonista de los años más constructivos de nuestra historia, hoy se encuentra reducido al cálculo electoral, sujeto a proyectos políticos identitarios e incapaz de proponer proyectos políticos integradores respaldados por la mayoría ciudadana.
¿Ya llegamos? recoge los ensayos escritos por Berman durante la última década, donde por una parte ahonda en el proceso de desmoronamiento de la hegemonía estadounidense, y cómo factores como el crecimiento de la deuda y la pérdida de libertades civiles y vigilancia masiva de sus propios ciudadanos son una prueba irrefutable del mismo, entre varios ejemplos más. Igualmente, reflexiona sobre temas vinculados con la identidad individual, la obsesión y la transferencia pues, como ha dicho en una de sus frases más célebres: «Una idea es algo que posees, la ideología es algo que te posee a ti». Así que Berman explora lo que parecería ser la necesidad humana de aferrarse a algún sistema de creencias dado, en buena medida debido a la incapacidad de afrontar asuntos como el silencio o el vacío.
Finalmente, con una mirada también hacia el futuro, Berman se pregunta qué alternativas puedan existir frente a la descomposición, delineando modelos alternativos donde el crecimiento, la expansión y acumulación ilimitadas no sean ya los ejes rectores que estructuran buena parte de la vida en sociedad.
El 4 de enero de 1948, Birmania (Myanmar) se independizó tras 124 años de formar parte del imperio colonial británico en Asia. El sector antifascista había logrado mayoría absoluta en las
primeras elecciones de 1947. Pero antes de que la plena soberanía entrara en vigor, Aun Sang, el principal líder independentista, fue asesinado, lo que aplazó el anhelo de sus compatriotas de vivir en democracia hasta la segunda década del siglo XXI.
En Viaje al Reino de Ava, Leoncio Robles recorre Birmania, un país cuya historia registra repetidas luchas frustradas para acceder a la libertad y a la democracia, y cuyos habitantes han aprendido a vivir en constante inestabilidad. Conocemos, por ejemplo, a un librero que analiza con humor negro las mentiras del régimen militar; a un descendiente del último príncipe shan asesinado por los militares golpistas, quien divulga con discreción el legado de su antepasado; a un exprofesor que despliega erudición al describir las dependencias y tensiones impuestas por la geopolítica; y a una anciana de clase alta que enseña inglés de manera altruista a hijos de campesinos, convencida de que la educación es la herramienta para conquistar la libertad. Todo ello en medio de una guerra que involucra aproximadamente a quince grupos étnicos.
Robles encuentra el equilibrio entre la información histórica y los diarios de viaje, y nos acerca a una realidad tan compleja como fascinante. Nos muestra las consecuencias de más de cincuenta años de conflictos armados que se han convertido en parte de la vida cotidiana. En estas páginas se condensa la imagen de la Birmania de estos tiempos, a través de un relato que representa el horror y la tristeza, pero también los sueños rotos y las promesas de una tierra encantada devorada por el olvido.
En Francia la moderna literatura de viajes tiene un padre indiscutible: Pierre Loti. Un autor tan inusual y prolífico que ha contagiado la pasión por las cosas del mundo a más de una generación de escritores y viajeros, y no solo en Francia. Excesivo, barroco, amante de los disfraces y la heterodoxia, Álex Fraile sucumbió a la admiración por este personaje superlativo; a veces provocador, otras, extravagante o cínico, pero siempre rendido a los encantos de lo desconocido. Desde hace años Fraile ha ido visitando muchos de los lugares donde vivió el famoso marino y escritor francés, ya sea China, Japón, Turquía, Senegal, Camboya, Birmania o Madrid y Andalucía, donde pasó su luna de miel, sin olvidar el país vasco francés, donde murió.
Dos grandes amigos, la escritora y activista bell hooks (1952–2021), y el filósofo y crítico social Cornel West (1953), mantienen en Partiendo pan un vibrante diálogo que abarca numerosos intereses: espiritualidad, religiosidad, laicismo, capitalismo, expectativas colectivas, cultura popular… Unas veces coinciden en su punto de vista, otras no, pero la intensidad de su preocupación moral y de su conciencia política nos interpela a lo largo de toda la lectura, cualquiera que sea la comunidad a la cual pertenezcamos. Se trata de dos intelectuales cuyo pensamiento sigue siendo fundamental en el panorama internacional, como prueba la incesante reedición de un libro que ahora se traduce por primera vez al castellano.