Ver como
Ordenar por
Mostrar por página
Imagen de BREVE TRATADO COCINADO A FUEGO LENTO
995

BREVE TRATADO COCINADO A FUEGO LENTO

El sabor y el saber tienen el mismo origen: del verbo latino sapere se derivan sapor, "sabor característico de una cosa", y sapiens, "inteligente, sabio". Nuestro autor le aplica sabor y saber a este gozoso viaje por los orígenes de la gastronomía y la evolución de nuestras pasiones y costumbres culinarias. Para ello cataloga las clases de restaurantes o los tipos de cocineros, y reflexiona sobre el gusto o la glotonería & x02013;"desde la noche de los tiempos, la humanidad ha oscilado entre la voracidad y la hambruna"& x02013;, entre otras muchas cosas. Todo a traves de una escritura descarada y veloz, llena de juegos de palabras y humor que hacen de este Breve tratado cocinado a fuego lento un libro desenfadado, pero tambien erudito, con infinidad de referencias que enlazan la antropología, la filología, el amor por la cocina y el arte de una manera muy ocurrente. Un sabroso menú apto para todo tipo de lectores, desde los más tragones hasta los más sibaritas.
995
Imagen de LOS VENCIDOS. POR QUE LA PRIMERA (TB)
1,500

LOS VENCIDOS. POR QUE LA PRIMERA (TB)

Para los Aliados occidentales, el 11 de noviembre de 1918 siempre ha sido una fecha solemne: el fin de los combates que habían masacrado a una generación, y también la reivindicación de un tremendo sacrificio, con el desmoronamiento total de sus principales enemigos, el Imperio alemán, Austria-Hungría y el Imperio otomano. Sin embargo, para gran parte del resto de Europa se trataba de una fecha carente de significado, ya que una interminable serie de terribles conflictos fue afectando a un país tras otro. En este libro, sumamente original y absorbente, Robert Gerwarth nos pide que volvamos a reflexionar sobre el verdadero legado de la Primera Guerra Mundial. En gran medida, lo que acabó siendo un factor tan desastroso para el futuro de Europa no fueron los combates en el Frente Occidental, sino las devastadoras secuelas de la Gran Guerra, a medida que los países de ambos bandos del conflicto original sufrían el azote de las revoluciones, de los pogromos, de las expulsiones masivas y de nuevos conflictos a gran escala.
1,500
Imagen de AL SON DE LA UTOPIA
1,550

AL SON DE LA UTOPIA

En 1932, la música, como las demás disciplinas artísticas, fue reducida a una única doctrina: la del realismo socialista. La finalidad del arte era servir al Estado. Los músicos tuvieron que someterse a la línea ideológica del partido. Algunos la sortearon como pudieron; otros, sin embargo, no se doblegaron, y sus obras fueron prohibidas, sus conciertos cancelados y ellos relegados al olvido. Eso sucedía en el mejor de los casos, porque en el peor se los destinaba a campos de trabajo en Siberia o simplemente eran ejecutados. Músicos de la altura de Dmitri Shostakóvich y Serguéi Prokófiev e intérpretes de fama internacional como Mstislav Rostropóvich, Sviatoslav Richter, David Oistrakh, Leonid Kogan y Mariya Yúdina fueron capaces de crear melodías sublimes en las circunstancias más hostiles y oscuras. Pero esa política represora no sólo se circunscribió a la música clásica. La Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) se ocupó también de la música ligera. Era conocida la afición de Stalin por ese tipo de música, así que, en consecuencia, la represión fue menor que en la música y la literatura clásicas. Pero, con todo y con eso, los intérpretes no podían bajar la guardia.
1,550