Asistimos al inicio de una nueva época en la historia de la recepción del pensamiento de Foucault. Desde que en 2013 la Bibliothèque nationale de France adquiriera la integralidad de los archivos privados de Michel Foucault que alberga textos de una riqueza inigualables, en su mayoría son escritos inéditos y cursos que Foucault impartió, a los cuales no se había tenido acceso, el pensamiento de Foucault, e incluso él mismo, están cambiando.
Los grandes especialistas en el pensamiento contemporáneo reunidos en este libro profundizan en el análisis de las principales líneas de trabajo y problemas que Foucault aborda en ellos, así como desgranan las implicaciones que entraña la publicación de este singular material. Leer al Foucault al que no se tenía alcance supone revisitar nuevamente su obra para contemplar su condición inacabada, como proceso interminable, pensamiento en constante devenir que ni integra totalmente lo que fue ni despliega absolutamente lo que será: es un perpetuo devenir Foucault.
Entre los siglos XV y XVIII, los europeos no solo estaban fuertemente constreñidos por las jerarquías sociales, también malvivían atormentados por el hambre y la miseria, tiranizados por el consumo diario de un pan deliberadamente adulterado, a menudo mezclado con semillas y hierbas alucinógenas.
Mientras Galileo, Descartes y Bacon trabajaban en la idea de un mundo racional y ordenada, la desnutrición crónica y la embriaguez domésticaagudizadas por estas drogas rurales y domésticas llevaban a sus coetáneos a un viaje psicodélico, a trances y explosiones dionisíacas que involucraban a pueblos enteros, a los meandros de un imaginario demoníaco y nocturno que aliviaba una existencia de otro modo invivible.
A través de una cuidadosa reconstrucción de la vida cotidiana de campesinos, mendigos y pobres, Piero Camporesi en El pan salvaje presenta una imagen vívida y desconcertante de la Europa preindustrial, azotada por el desigual reparto de bienes y alimentos, como un vasto laboratorio de sueños.
Sumida en un universo fantástico, la humanidad tenía acceso a formas de conciencia ajenas a la racionalidad, y aún podía aprovechar las reservas oníricas que la prohibición a las hierbas alucinógenas destruyó más tarde.
División de poderes, rigidez constitucional, control judicial de la constitucionalidad de las leyes... todos estos conceptos en los que se basan las democracias y a los que acudimos para verificar la salud de nuestro sistema político, proceden de la primera Constitución escrita, la que, a finales del siglo XVIII representó, en palabras de James Madison, "el mayor esfuerzo de deliberación nacional que ha acontecido en el mundo". En el presente libro, el profesor Blanco Valdés traza la génesis de estas ideas, con especial atención a los escritos de "El Federalista" -los artículos que Alexander Hamilton, James Madison y John Jay publicaron entre 1787 y 1788 en defensa de la obra constituyente y con el fin de favorecer su posterior ratificación por los Estados-, y muestra cómo cruzaron el océano para, de formas diversas, ser adoptados por los europeos cuando estos se enfrentaron al desafío que los norteamericanos ya habían abordado en el siglo XVIII: cómo garantizar la libertad.