Mariana Zuvic es nacida y criada en Río Gallegos, Santa Cruz. Conoció a Néstor y Cristina desde muy pequeña porque eran amigos de sus padres. Todo comenzó a cambiar -así lo narra en este libro- cuando el matrimonio Kirchner dio un giro a los parámetros morales con los que se movían en esa pequeña ciudad patagónica. Santa Cruz fue el laboratorio del modus operandi de hacer política que luego trasladaron a la Nación.
Nunca antes alguien había narrado en primera persona la intimidad del origen de esas "prácticas de destrucción institucional, descomposición social y corrupción que llevaron a los ciudadanos a transformarse en rehenes de la lógica amigo-enemigo", según cuenta Zuvic. Método que ejercieron como abogados, en la intendencia, en la gobernación de la provincia y del país.
El origen cuenta esa parte oculta de la historia reciente, lo que sucedió cuando Néstor y Cristina eran dos desconocidos para la mayoría de los argentinos. La investigación incansable de Mariana Zuvic junto a Elisa Carrió -que prologa este libro- fue determinante para llevar a la justicia las denuncias por malversación de fondos públicos del gobierno kirchnerista. Su historia es clave para entender qué pasó -y pasa- en Santa Cruz y en la Argentina desde hace treinta años.
Un relato íntimo cargado de lúcidas reflexiones sobre lo que significa envejecer.
Actualmente cumplir años se ha convertido en una desgracia o, como mínimo, en un proceso que la sociedad rechaza y silencia. Frente a esta realidad, esta hermosa obra nos revela no solo los estereotipos y prejuicios que rodean la edad madura, sino el valor que pueden tener el sentimiento de finitud y la experiencia de lo vivido.
Entremezclando experiencias personales, anécdotas y referencias a autores como Herman Hesse, Annie Ernaux, Elias Canetti, Marguerite Duras, Virginia Woolf, Roland Barthes y un largo etcétera, este libro nos muestra que, si sumar años está visto como una fatalidad, saber envejecer es una posibilidad e incluso un privilegio. No hay duda de que la vejez supone una aceptación, tal vez un desdoblamiento de uno mismo —te ves distinto de lo que has sido—, pero esta aceptación pasa por mantener el deseo de vivir.
La viajera de noche no es una guía para envejecer bien, es un grito contra la invisibilidad y el rechazo a los que se exponen los viejos y, sobre todo, las viejas, así como una invitación a oponerse a la exigencia de la sociedad contemporánea de que nos hagamos mayores en silencio y de forma disimulada. Como dijo Simone de Beauvoir: «La vejez es una cuestión de civilización. ¡Continuemos con la batalla!».
Mediante las iniciativas personales de mujeres excéntricas, desafiantes, únicas, Londres ha sido y sigue siendo un lugar donde los libros tienen vida propia y sus libreras, una manera más libre de estar en el mundo. Este libro aborda la historia de más de una treintena de libreras y de sus establecimientos en el Londres de los últimos dos siglos. Recorremos la mítica Charing Cross Road, donde abrieron sus librerías las sufragistas y la apodada «reina roja de Charing Cross Road», Christina Foyle. Sin duda, la historia de Alida Klemantaski y la londinense The Poetry Bookshop nos recuerda que las librerías que hoy consideramos modernas ya contenían todas sus «originalidades» hace un siglo. De la mano de la filántropa Florence Boot (de la icónica droguería Boots), la fulgurante Nancy Mitford o la misteriosa E. Millicent Sowerby, conocemos algunas de las historias más interesantes del siglo xx hasta llegar a nuestros días, con las iniciativas de Ann Devers y Dee Creative. Pero además, sus capítulos —que pueden leerse sin necesidad de seguir un orden, aunque están concebidos de manera cronológica— son también una breve historia de los negocios de compraventa y edición de libros en la capital inglesa desde el punto de vista de las mujeres que han participado en él.
Los hechos aquí recogidos son una prueba de cómo una industria cultural ha logrado sobrevivir gracias a la permanente presencia de las mujeres y al apoyo entre ellas. En realidad, ofrecen la reescritura de una historia en la que no han visto reconocido —salvo honrosas excepciones— el lugar que les corresponde.
Una reconstrucción imaginativa sobre cómo serían las tumbas, de existir, de ciertos personajes universales como Gregorio Samsa, Madame Bovary, el Gólem, Drácula, Don Juan, mitos clásicos como Teseo, la Sibila, las sirenas y protagonistas religiosos como Adán o la papisa Juana. Un libro de arqueología fantástica que es, al mismo tiempo, una historia cultural de Occidente. Con la gracia y don de síntesis de Marcel Schwob y sus Vidas imaginarias, Herrera logra producir vinos nuevos sobre odres viejos.
Un repaso a algunos de los grandes mitos de la tradición occidental, una reflexión desenfada, pero no caprichosa, sobre su sentido para las generaciones que creyeron en ellos y una meditación filosófica sobre el vacío dejado por los mitos en que ya no creemos.
Durante toda la historia, los imperios han jugado un papel crucial en las relaciones entre pueblos, territorios y culturas. El temor y la memoria de violencia que suscitan solo es comparable a la fascinación que siguen despertando en todo tipo de literatura. Ante la confusión y la hostilidad que puede provocar su simple evocación, este libro guía al lector en el uso crítico de la categoría de imperio, con el foco puesto en el que quizás sea su momento de mayor efervescencia, la época contemporánea. No en vano, en dicho período surgieron dos fuerzas que redefinieron el concepto: el nacionalismo y el imperialismo.
A través de un recorrido por las distintas estructuras imperiales sucedidas en los últimos dos siglos, se ofrece en estas páginas una pequeña muestra de una larga tradición de pensamiento que ha reflexionado sobre el poder y el dominio, el conflicto y la violencia, sobre el tiempo en su larga duración, sobre la constitución y supervivencia de diversas comunidades humanas, sobre los sucesivos órdenes globales, que de todo ello da cuenta la historia de los imperios y los imperialismos.
En su actuación ante los tribunales de justicia, el abogado ha de realizar, por supuesto, una sólida argumentación jurídica. Pero, además, debe persuadir al juez de que la postura que defiende es la más justa entre las opciones posibles para resolver el litigio. Para lograr convencerlo, el abogado se vale no solo de argumentos jurídicos, sino también de argumentos provenientes de otros ámbitos, destacando el de la Moral y, en general, el de la racionalidad práctica, que incluye los razonamientos derivados del sentido común y la experiencia vital. La exposición eficaz de tal cúmulo de argumentos requiere del profesional el dominio de la Retórica, pero también de las específicas técnicas proporcionadas por la Dialéctica que le permitan salir airoso de los siempre difíciles debates forenses. Y todo ello, acompañado de una conducta ética acorde a las normas deontológicas de la profesión que encauce debidamente cualquier acto técnico-jurídico.
El manejo y dosificación de estos aspectos en cada situación particular constituye la genuina habilidad profesional del abogado, y en eso consiste precisamente el arte de la persuasión jurídica, que describe certeramente su quehacer cotidiano, tanto en los juzgados como fuera de ellos, distinguiendo su actividad argumentativa de la del resto de los operadores jurídicos.