Ejercicios de contemplación se ha convertido para muchos en el libro más importante de su vida. Resulta difícil encontrar en la literatura de la búsqueda espiritual de los últimos cien años algún manual que inicie de manera tan rigurosa, sistemática y eficiente a la práctica de la meditación en silencio y quietud.
El método propuesto por Franz Jalics, acaso el maestro espiritual de raíz cristiana más iluminado del último siglo, es sencillo: prestar atención al cuerpo, al ritmo respiratorio y a la recitación del mantra o palabra sagrada. Quien inicie este viaje y persevere en él iluminará las heridas de su alma y alcanzará su yo profundo, donde percibirá la paz, el amor y la alegría.
El camino contemplativo expuesto en estas páginas con ejemplar simplicidad conduce a la experiencia del perdón, a la unidad de vida y a la plenitud de lo cotidiano. Especular sobre él puede ser útil y hasta necesario; pero lo realmente decisivo es experimentarlo. El lector comprobará de primera mano, si de verdad hace este recorrido, que es posible vivir sin sombra y ser para el mundo aquello a lo que todos hemos sido llamados: luz, sencillamente luz.
Bouamama realiza en este libro un logro intelectual notable: revisa la historia de las migraciones y su gobierno en Francia desde el siglo xix. Desde las migraciones internas de bretones, auverneses y otras poblaciones de la periferia francesa a París, Lyon o Marsella, hasta las migraciones recientes de las viejas colonias francesas africanas, sin olvidar a los italianos, españoles y portugueses que desde principios del siglo XX trabajaron en la industria francesa, en todos los casos se repite una misma narrativa y un mismo modo de gobierno. Los inmigrantes son considerados por naturaleza o cultura difíciles de entender, reacios al trabajo y casi imposibles de integrar en la sociedad francesa. A pesar así del auto celebrado modelo republicano de integración, la inmigración ha sido siempre gobernada con políticas y discursos parecidos, dirigidos a mantener a esta población en los trabajos más duros, peor pagados y menos seguros. La novedad, sin embargo, en el gobierno de los migrantes recientes es que estos han quedado fijados en una suerte de extranjería permanente. Los hijos de estos migrantes, franceses a todos los efectos, han heredado de sus padres o abuelos un estatuto social subalterno, que les impide ser considerados ciudadanos de pleno derecho. Así se manifiesta en la discriminación constante de las poblaciones descendientes de magrebíes o subsaharianos en materia de vivienda, empleo y tratamiento público. Herederos de una historia colonial, a diferencia de otras migraciones históricas, estas poblaciones han escalado posiciones en la agenda nacional, acusadas de un «comunitarismo» segregador y de ser portadores de una cultura (sobre todo en el caso de los musulmanes) inasimilable por la nación francesa. Sometidos al racismo de Estado se han convertido así en el particular enemigo interior con el que la República francesa pretende expurgar su profunda crisis social."
La teología es, evidentemente, discurso sobre Dios. Pero ¿es esto tan evidente como se pudiera suponer? Convertida ya en un clásico de la teología del siglo XX, la obra del filósofo y teólogo luterano Eberhard Jüngel se esfuerza por mostrar que es posible decir una palabra razonable sobre «Dios».
Hasta la Modernidad ha existido la convicción de que los seres humanos podían hacerse una idea suficientemente precisa y coherente sobre Dios. Sin embargo, la confrontación entre las posiciones teísta y ateísta terminaron cuestionando dicha idea, hasta el punto de considerar que era más bien una forma de enmascarar el problema, ya por el exceso de palabras sobre Dios, ya por la imposibilidad de hablar de Él.
Para la teología y la fe cristianas de los últimos decenios, el peligro latente no ha sido otro que aceptar acríticamente la imposibilidad de pensar a Dios.