EL AMBICIOSO GOBERNANTE QUE MARCÓ UN NUEVO RUMBO PARA EL IMPERIO ROMANO
La ascensión al poder del emperador Adriano (76-138 d. C.) supuso el inicio de un cambio esencial para el Imperio romano. Con él, el territorio conquistado por Roma alcanzó su máxima extensión, pero también bajo su reinado se redujeron notablemente las campañas bélicas y se establecieron fronteras concretas para limitar la expansión militar. Adriano, emperador viajero, también realizó una extraordinaria reforma administrativa que estabilizó todos los niveles de gobierno y dejó una huella indeleble en el devenir histórico de todo el imperio.
La biografía de Anthony Birley, la más completa y exhaustiva que se ha escrito hasta el momento, hace justicia a la figura de Adriano, no solo por su importante dimensión política e histórica, sino también por lograr un retrato personal e íntimo de un hombre odiado en el momento de su muerte y enormemente respetado con el paso del tiempo.
Tito Livio es el único de los grandes historiadores de Roma que se mantuvo alejado de la vida pública. Eso le permitió dedicarse varias décadas a escribir su gran obra Historia de Roma (Ab urbe condita). Este monumental proyecto constaba de ciento cuarenta y dos libros, de los cuales solo se conservan treinta y cinco. La parte que ha llegado hasta nosotros refleja los mejores momentos de la Roma heroica con una prosa de innegable encanto en la que se exaltan las virtudes republicanas y el amor por la libertad.
Perdidos los libros XI a XX, el cuarto volumen de Historia de Roma en la Biblioteca Clásica recoge los libros XXI-XXV. En ellos, el autor va a «narrar por escrito la guerra más memorable de cuantas se llevaron jamás a cabo», es decir, la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a las dos grandes potencias del Mediterráneo: los cartagineses capitaneados por Aníbal, y los romanos.
Gaziel fue uno de los grandes nombres del periodismo español del siglo XX, compañero de generación de Josep Pla y Manuel Chaves Nogales. Obligado a abandonar el oficio tras las Guerra Civil, vivió un exilio interior de dos décadas en Madrid que dio lugar a este retrato lúcido y desgarrador de la posguerra.
En sus páginas aborda la transformación moral e intelectual del país durante aquellos años, en los que el idealismo fue tornándose pragmatismo, rayando el cinismo. Observa, también, el papel no siempre loable que interpretan grandes mentes de la época, así como la vida cotidiana en un Madrid repleto de personalidades. Gaziel no cesa en su empeño de entender el mundo que le rodea: el encaje de Cataluña en España y el de España en Europa, la lenta recuperación de las democracias europeas y la nueva relación del continente con Estados Unidos. Tampoco faltan referencias a lecturas de clásicos y agudas reflexiones sobre la historia de España o el cristianismo. El resultado es un libro capaz de iluminar una época decisiva de nuestra historia moderna.