Hannah Arendt es una de las pensadoras más destacadas del siglo XX y continúa siendo hoy, medio siglo después de su fallecimiento, una de las voces más influyentes en la reflexión política actual. Más allá de algunos conceptos, como el de «la banalidad del mal», Hannah Arendt es una aguda crítica y comentarista de la política del siglo XX, cuyas luces y terroríficas sombras vivió y sufrió en primera persona y, sobre todo, anheló comprender.
Esta biografía, escrita por la joven filósofa estadounidense Samantha Rose Hill, expone con claridad y rigor el pensamiento crítico de Hannah Arendt en el contexto de su vida nómada y sus relaciones humanas y sentimentales con destacados intelectuales europeos y estadounidenses, como Walter Benjamin, Karl Jaspers, Martin Heidegger o Mary McCarthy.
Bielorrusia, una república exsoviética en los confines orientales de Europa, protagoniza un buen número de titulares de prensa en los últimos meses: acoso a disidentes con «secuestro» de avión incluido, opositores encarcelados, manifestaciones reprimidas con violencia, crisis de refugiados en la frontera oriental de la EU. Dirigido con mano de hierro por Aleksandr Lukashenko, un autócrata formado en el Partido Comunista de la URSS, este país se ha convertido en el último vestigio del antiguo imperio soviético y en un factor de inestabilidad para la UE y la OTAN hábilmente manejado por el líder ruso Vladimir Putin.
Este libro analiza los orígenes y la evolución de Bielorrusia como país independiente, así como ofrece claves para conocer cómo puede evolucionar la situación en una de las regiones europeas más inestables, amenazada por el nuevo expansionismo ruso.
¿Por qué, en los momentos más avanzados tecnológica y científicamente, vivimos una crisis mundial? ¿Qué consecuencias tiene para el desarrollo de la economía internacional? ¿Cómo interfiere en la relación entre los países de desarrollos tan dispares? ¿Las macroeconomías afectan a nuestra vida cotidiana? Hay respuestas para todo, aunque no todas nos gusten.
Occidente, o mejor, la cultura occidental, encontró su fundamento en la expansión europea gracias a la cultura cristiana, de manera que el concepto de Occidente resulta inseparable de su sustrato cristiano. Sin embargo, el desprecio de sus raíces culturales se ha convertido en el primer motor de un proceso de decadencia de incierto final. Una deconstrucción que marcha a enorme velocidad desde que Estados Unidos se erige como la potencia globalista que se impone en Occidente, toda vez que la Unión Soviética, por su propia idiosincrasia, se destruyó a sí misma.
El dominio estadounidense en el mundo, que se ha venido asentando progresivamente desde el siglo XX, ha traído nuevas formas culturales y ajenas al cristianismo. Se trata de la supremacía hegemónica en forma de Nuevo Orden Mundial que se extiende por Occidente gracias al poder financiero y tecnológico de carácter global.