La crónica definitiva del intento de asesinar al zar Alejandro III, un complot en el que participó el hermano de Lenin.
En 1886, Alexander Uliánov, un brillante estudiante de biología, se unió a un pequeño grupo de alumnos de la universidad de San Petersburgo con el propósito de cometer un atentado contra el zar. La misión de los jóvenes
terroristas acabó en un estrepitoso fracaso, y cinco de ellos, incluido Alexander Uliánov, fueron ejecutados en la horca.
Alexander no hubiera pasado de ser otra baja más en la larga historia de los mártires rebeldes rusos de no haber sido por un detalle: su hermano menor, Vladimir, dirigió la revolución de octubre de 1917 bajo el sobrenombre que se asignó a sí mismo, Lenin.
Tras examinar la abundante documentación publicada y los archivos desclasificados por la Rusia post-soviética, Philip Pomper arroja luz sobre el misterio que ocupa el centro de esta historia. ¿Cómo es posible que en el seno de una familia respetable que educó y preparó a sus hijos para una carrera profesional pudieran aparecer tanto un terrorista como el líder de la revolución de octubre? Los hermanos Uliánov crecieron al resguardo de un padre estricto que les inculcó la importancia de la ciencia y del sentido del deber llevado hasta el punto del sacrificio de uno mismo. Pomper muestra también el contraste entre el tímido y serio Alexander y su alegre y alborotador hermano, Vladimir, que intentaría vengarlo y aprender los modos revolucionarios, y que lograría el éxito allí donde Alexander había fracasado.
En marzo de 1938, los soldados alemanes cruzaron la frontera con Austria y Hitler hizo realidad su deseo de anexionar el país al Tercer Reich. Ante estos acontecimientos, muchos judíos habían hecho preparativos para ponerse a salvo, pero no Sigmund Freud. Con 81 años de edad y enfermo de cáncer, el famoso psicoanalista judío era incapaz de contemplar la posibilidad de abandonar su querida Viena, ajeno al peligro inminente que corría su vida. Pero varias personas prominentes cercanas a él intentaron convencerlo para que emigrara a Londres: el médico galés que llevó el psicoanálisis a Gran Bretaña; la sobrina nieta de Napoleón; un embajador estadounidense; la devota hija menor de Freud, Anna; y su médico personal.
Andrew Nagorski narra la apasionante vida de Freud y cómo su círculo cercano logró salvarlo para que pudiera vivir sus últimos meses en libertad, a la vez que retrata la Europa de primera mitad del siglo XX: la historia de una gran ciudad, de un imperio que se derrumba, de un terror creciente y de un hombre que cambiaría nuestra forma de pensar.
En este volumen de Historia social del conocimiento, descubriremos el período que abarca desde 1750, con la publicación de la Enciclopedia francesa, hasta la eclosión de la Wikipedia.
Al igual que en el volumen anterior, Peter Burke no se centra solo en los individuos, sino en los grupos, las instituciones, las prácticas colectivas y las tendencias generales para demostrarnos que las actividades que parecen ser intemporales —como la búsqueda, el análisis, la difusión y el empleo del conocimiento— están, de hecho, limitadas en el tiempo y adoptan diferentes formas en distintos períodos y lugares.
Esta obra contrarresta la tendencia a escribir una historia triunfalista del «crecimiento» del conocimiento aportando datos sobre las pérdidas de distintos conocimientos y el precio de la especialización y nos descubre panorámicas geográficas y sociológicas del conocimiento.
Historia social del conocimiento es una contribución indispensable a nuestra historia social y sociocultural que aporta rasgos sumamente originales, como la perspectiva del lector, del oyente o contemplador sobre el conocimiento, que apelan tanto a historiadores de la ciencia, sociólogos, antropólogos y geógrafos como a cualquier persona interesada en la materia.