El infinito en un junco, de Irene Vallejo, es un canto extraordinario al amor por los libros que ha seducido a millones de personas en todo el mundo. Este libro sobre libros emprende otro vuelo en forma de adaptación gráfica a cargo del dibujante Tyto Alba, cuyas excepcionales ilustraciones nos trasladan a los campos de batalla de Alejandro Magno, los palacios de Cleopatra, las primeras librerías y los talleres de copia manuscrita, pero también a las hogueras donde ardieron códices prohibidos, la biblioteca bombardeada de Sarajevo y el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Estos dibujos y acuarelas, que cuentan la historia de un artefacto incomparable nacido hace cinco milenios, cuando los egipcios descubrieron el potencial de un junco al que llamaron papiro, nos hacen partícipes de la aventura colectiva de quienes han salvaguardado los libros desde entonces.
En esta nueva versión, revisada y aumentada, las fabulosas ilustraciones de Tyto Alba cobran aún más relevancia y el resultado es una adaptación gráfica para jóvenes de todas las edades.
«Este libro, nacido como tributo a los libros, tenía que ser el mejor cómic que fuéramos capaces de crear. Así que nos embarcamos en la odisea de reescribirlo: una versión renovada con mayor protagonismo del dibujo. Pudimos incorporar cientos de sugerencias, propuestas y pasajes favoritos de quienes llamo cariñosamente “tribu del junco”». Irene Vallejo
Censurada y finalmente prohibida por el Instituto Freud de Viena, esta controvertida y brillante conferencia pudo ser pronunciada en el Museo Freud de Londres. Aún parecen escucharse los ecos de la inquebrantable voz de Said.
El autor presenta en este ensayo una aproximación multidisciplinar, nutriéndose de fuentes procedentes de la literatura, la arqueología y la teoría social, para explorar el profundo significado que Moisés y el monoteísmo, según Sigmund Freud, tienen para la política actual en los países de Oriente Medio. El ensayo, que muestra el permanente interés de Said por la obra de Freud y la influencia de la misma en su propio trabajo, plantea que la tesis de Freud al afirmar que Moisés fue un egipcio socava la idea misma de identidad pura y mantiene que la identidad no puede pensarse ni entenderse sin el reconocimiento previo de los límites que son inherentes a ella. Said sugiere que, desde esta perspectiva, ese sentido de identidad aún no resuelto podría, de haber tomado cuerpo en la realidad política, haber formado una buena base para lograr la comprensión mutua de judíos y palestinos. En lugar de eso, la imparable marcha de Israel dirigida al establecimiento de un estado exclusivamente judío niega cualquier percepción de un pasado más complejo que incluye a ambos.
«Siempre tengo sed. Cuando bebo agua no pasa nada solo me hago pis. Cuando bebo alcohol pasan cosas. Cuanto más bebo más cosas pasan. Beber hasta caer en compañía, es una atracción, como subirte con amigas en una montaña rusa. El único momento de la semana en que me puedo dejar llevar. Caer. Caer en compañía a un abismo divertido. Bebemos hasta caer porque confiamos en tener alguien que nos sostenga o porque sabemos que no hay nadie para sostenernos. Es un juego. Peligroso».