La propuesta de Heidegger en Ser y tiempo de comprender la existencia humana desde la categoría de la temporalidad cautivó a Watsuji. Pero, ¿por qué no hacer lo mismo con la espacialidad, otra de las categorías radicales de la existencia? En la presente obra, que bien podría titularse Ser y espacio, Watsuji trata de responder a dicha cuestión. La geografía y el clima conforman la realidad individual y social (relaciones con la naturaleza, carácter, arte, religión), es decir, su sistema de actitudes y valores. Watsuji analiza los tres grandes espacios climático-geográficos que, según él, configuran las principales culturas: Asia es el reino del monzón, de la humedad; Oriente medio es el reino del desierto y de la sequedad, determinante en la cultura judía y árabe; y Europa es la dehesa, una síntesis de ambas, donde la relación con la naturaleza es menos conflictiva.
La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más destructivo de la historia, en ella perdieron la vida cincuenta y seis millones de personas en los 2.174 días transcurridos desde que Alemania atacó Polonia, en septiembre de 1939,hasta que Japón se rindió, en agosto de 1945. Esta terrible contienda transformó la disposición geopolítica mundial para dar nacimiento a dos potencias, la URSS y los Estados Unidos, que enseguida se enfrentarían en una sorda guerra fría durante décadas. Sólo un historiador como Martin Gilbert poseía la erudición y la amplitud de miras necesarias para narrar la historia como había que narrarla, entrelazando todos sus aspectos: el político, el diplomático, el militar y el civil para seguir de semana en semana, de mes en mes y de año en año el terrible avance de la fuerza inexorable de la muerte. El objetivo del autor es presentar lo que ocurrió, pero no desde el punto de vista de ninguna de las naciones enfrentadas, sino desde una perspectiva global, y lo ha conseguido.
ienvenidos a la fascinante y desconocida historia del Egipto Ptolemaico, desde la conquista de Alejandro Magno hasta el suicidio de la legendaria Cleopatra.
Incluso para los especialistas, el periodo Ptolemaico siempre ha quedado oculto por la bruma, entre la grandeza del antiguo Egipto faraónico y el nuevo poder romano. Sin embargo, miles de papiros muy bien conservados, magníficas esculturas o las huellas de una portentosa arquitectura descartan cualquier decadencia y nos hablan de tres siglos que brillaron con luz propia.
Las calles de la mítica Alejandría, los minuciosos detalles de la vida cotidiana o la grandeza de la dinastía greco-macedónica son la materia de un relato repleto de acontecimientos, logros, reinas poderosas, sabios bibliotecarios y generales ambiciosos.
Una civilización cosmopolita que, no sin tensiones y crisis, fundió la tradición egipcia y el helenismo en una síntesis única cuyo legado resuena hasta hoy.