La sociedad argentina está obsesionada con el diálogo, aunque las conversaciones sinceras son exiguas y las restricciones para lograr un acuerdo político son enormes. Ante la posibilidad de bajar los brazos, este libro se propone rescatar la ética que nos construyó como país y rebatir el ideario populista, funcional a las crisis recurrentes. Sin contenidos en debate y viviendo en una inestabilidad crónica, todo parece jugarse en un presente absoluto, privados de la riqueza que significa poder articular el hoy con el mañana. Es que el populismo no es solo un modelo de construcción de poder: es también una cultura. El autor desarticula las simplificaciones que hicieron de una nación creativa una sociedad de escapismo, recorre con lucidez nuestros retos más urgentes y ofrece claves para fomentar una práctica sociopolítica orientada a devolver la esperanza en el futuro. La Argentina es un país con problemas, pero también un lugar de sueños colectivos. Deconstruir el populismo es un llamado a desafiar el statu quo, a la vez que una invitación a reconciliar la política y romper el ciclo perpetuo de expectativas seguidas de frustraciones.
«Por su esfuerzo por salvaguardar la libertad de expresión como condición imprescindible para la democracia y la paz duradera.» Con esas palabras reconocía la Academia sueca la labor y el esfuerzo de Maria Ressa. Este libro es el mejor resumen de su trayectoria y de los principios éticos que rigen su pensamiento y su labor como periodista.
Maria Ressa ha dedicado su vida a defender la verdad y a luchar contra el autoritarismo. Su meticuloso trabajo de investigación ha sacado a la luz las redes y técnicas de desinformación desarrolladas por el Gobierno de Filipinas, que utiliza las nuevas tecnologías para difundir sus mentiras y suscitar la ira y el odio entre sus ciudadanos. Sus principios la han llevado a enfrentarse al hombre más poderoso del país: el presidente Duterte. Hoy, perseguida por el Estado, se han dictado varias órdenes de detención contra ella y se enfrenta a más de cien años de prisión. Su delito: decir la verdad.
Cómo luchar contra un dictador cuenta la historia de cómo las democracias mueren ante la violencia continuada y la inmoralidad de los gobernantes, y de cómo una amenaza invisible ha contagiado internet, destruyendo nuestras libertades una a una. Se trata de las numerosas campañas de desinformación que se propagan por las redes sociales: desde la guerra contra las drogas del presidente Duterte hasta el asalto al Capitolio; desde el Brexit hasta la ciberguerra rusa y china; desde Facebook y el resto de Silicon Valley hasta nuestros propios clics y votos. Narrado desde las trincheras de la guerra digital, este libro es una llamada urgente para la toma de conciencia y la defensa de nuestras democracias.
Cuando solo tenía once años perdí a mi madre. Eso me convirtió en una mujer rebelde e independiente siendo todavía una niña, y me tocó enfrentarme a cosas a las que nadie debería afrontar a esa edad. Mi infancia fue difícil, pero también viví una emocionante y trepidante juventud.
Empecé a trabajar en la radio, donde conocí a José Manuel Parada. Nos enamoramos y nos mudamos a una Barcelona moderna, que vivía unos años convulsos pero que era la puerta a Europa. Estaba llena de artistas y gente con nuevas ideas, diferente a la que yo había conocido en Madrid y en Galicia cuando era una niña y una adolescente. Allí comencé a trabajar en la prensa del corazón, de la que me enamoré y sigo estando muy orgullosa. Durante aquellos años setenta, experimenté y aprendí a vivir en libertad, a pesar de que la dictadura franquista todavía no había terminado. Fue en esa época cuando descubrí que podía amar a quien yo quisiera, independientemente de su género.
En un curioso giro del destino, me enamoré de la persona más insospechada. Ahora estamos casadas y llevamos más de treinta años juntas. He entrevistado a importantes artistas que luego se han convertido en amigos, como Bárbara Rey, Borja Thyssen, Carmen Cervera, Isabel Pantoja y un largo etcétera. Con mi salto a la televisión, mi popularidad creció. He vivido muchas cosas, pero no fue hasta que participé en el reality Supervivientes durante once semanas que conseguí reconciliarme conmigo, con mi historia y con los demás bajo una preciosa noche estrellada.