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HISTORIAS FANTASTICAS DE LA ISLAS VERD.

Ningún hombre es una isla, dijo el poeta. Pero una isla puede convertirse en las personas que la han buscado, imaginado, padecido o conquistado. Envueltas por el mar, esa metáfora del infinito, en las islas la experiencia humana alcanza sus más altas cotas de utopía y barbarie. Como un explorador antiguo, Ernesto Franco propone en este libro anfibio —mitad verdadero y mitad fantástico— un fascinante islario donde confluyen la novela de aventuras, el tratado antropológico, la historia natural y la crónica bélica. Y lo hace a través de los relatos hipnóticos que va desgranando el Pilota, un lobo de mar aficionado al ron y al tabaco que posee la sabiduría de aquél que ha surcado todos los océanos y desembarcado en todos los puertos. Como quien encuentra un mensaje en una botella confiado al capricho de las aguas, el lector hallará en estas páginas un compendio inagotable de fábulas isleñas: el mito del laberinto de Creta; el misterio de las estatuas de la Isla de Pascua; las correrías de los piratas en Tortuga; las fugas imposibles de Alcatraz; el asombro de Darwin en las Galá-pagos… Y descubrirá que las islas no son sólo puntos en un mapa sino un territorio de la mente, una invitación al viaje a través de las palabras y la fantasía.
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EL JARDIN Y LA JUNGLA

Europa es un jardín. Pero la mayor parte del resto del mundo continúa siendo una selva, y la selva podría invadir el jardín...". Éstas fueron la polémicas palabras de Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, unos meses después de la invasión rusa de Ucrania, también un año antes de la guerra de Israel contra Gaza. Y, a partir de esa frase, Edwy Plenel recapacita sobre nuestra Europa, pues ésta se ha construido a imagen singular de sí misma y del mundo. Persiste en considerarse la cuna de la civilización, la encarnación del bien y la justicia, y en creerse amenazada por la barbarie, la oscuridad y el mal que habitan el resto del planeta. Así, aferrada a una imagen heredada de un pasado mal digerido y bañado por el colonialismo, se pierde y se extravía, y da la espalda a los valores de humanismo e igualdad que, sin embargo, reivindica. Mientras Europa y, con ella, su expresión política, Occidente, no renuncien a su deseo de poder, seguirán generando el resentimiento de todos aquellos pueblos que han vivido con amargura su dominación a lo largo de los últimos cinco siglos. O, dicho de otro modo, la "jungla" que tanto la alarma no es otra que la suya propia, producida por la ceguera de la conquista y la explotación. Y es en su propio "jardín" donde han germinado las ideologías genocidas de las que nuestro mundo hoy lucha por deshacerse.
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LAS MASCARAS DE JULIA

«Y entonces, como cuando acaba una obra de teatro, las máscaras se caen y somos lo que recordamos. Recuerdos». «Y entonces, como cuando acaba una obra de teatro, las máscaras se caen y somos lo que recordamos. Recuerdos». Roma, principios del siglo I de nuestra era. Augusto, princeps, domina con mano férrea el Imperio, aunque mantenga la ficción de una República restaurada. Pero bajo la apariencia de una concordia que impulsa la recuperación de las viejas costumbres, late una represión que se cobrará víctimas incluso entre sus más allegados: su propia hija, Julia, acusada de adulterio, humillada públicamente y desterrada a un desolado islote del mar Tirreno. Años después, Julila, hija de Julia la Mayor y nieta de Augusto, indagará sobre lo que le ocurrió a su madre, para descubrir que la «historia oficial» que le contaron —a ella y a toda Roma— no es la verdad. Con un estilo íntimo y una trama coral, Sandra Parente nos adentra con su novela histórica Las máscaras de Julia en el seno de la familia del primero de los emperadores romanos, envuelta en un clima de obediencia y de silencios impuestos a rajatabla, donde todos —Livia, Tiberio, Julia, el propio Augusto…— se esconden, como actores, tras sus máscaras. Julila, que pasará a la posteridad como Julia la Menor, ahondará en el drama que vivió su madre, la hija del césar casada tres veces, mientras debe tomar decisiones para no ser, ella también, una víctima.
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