Un libro necesario para conocer y comprender la evolución del centroderecha español, vivido por un protagonista de excepción. Un revelador recorrido por el pensamiento, los hitos y los personajes indispensables que sustentaron una ideología que ha modelado la acción política en nuestro país y en todo Occidente.
Luis de Grandes acompañó a Adolfo Suárez en sus primeros pasos políticos, fue diputado al Congreso durante siete legislaturas y portavoz del Grupo Popular en el Congreso durante ocho años –toda la etapa de Aznar–, para pasar a ser eurodiputado durante quince años. Desde estas páginas, en las que confluyen la memoria personal y la política, explica al lector la travesía desde la democracia cristiana al centroderecha actual, deteniéndose en sus hitos más señalados (el nacimiento, vida y muerte de UCD; la creación de AP y las distintas familias que se integran en el PP actual tras la refundación) y en los protagonistas punteros del centroderecha: Adolfo Suárez, Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy.
Una andadura sujeta a embates, tanto producto de errores propios como fruto del estigma deslegitimador con el que determinados sectores hostiles lo han venido marcando. Un examen detenido y exento de prejuicios de lo que ha sido y sigue siendo una corriente política de crucial influjo en el devenir de nuestra historia contemporánea. El autor, que aboga por un centroderecha que pivote sobre el centro, abre con estas páginas una senda inédita llamada a tener continuidad en obras posteriores, con la actual derecha como obligado e inexcusable referente.
Cuando venimos al señor, quedamos asombrados al ver tantas
necesidades espirituales que tenemos y no nos damos cuenta hasta
tener un encuentro con Cristo.
El morir al YO es un camino a la vida eterna, por eso la iglesia de
Cristo está hecha para llevarnos a su Gloria, pero no hay dudas que
habrá pruebas. La solución a nuestras pruebas está en nuestras
manos.
Este libro nos enseña como menguar a nuestro yo y dejar que Cristo
crezca en nosotros. La fidelidad de Dios es un consuelo para quienes
necesitamos cambiar esos viejos paradigmas que nos han
esclavizados y no nos dejan crecer.
El poder frente a sí mismo es una forma de mostrar algunos de los múltiples rostros que presentan el dominio y su figura gregaria, lo social. Destellos que dibujan ciertos contornos de la sociedad mexicana sin llegar a plasmar una figura definitiva. Hoy en día el poder es percibido como algo malo, como algo que hay que erradicar del trato fraternal de las nuevas conciencias democráticas que tanto trabajo les ha costado conquistar a los recién emancipados ciudadanos mexicanos. Sin embargo, este tipo de percepciones lo único que logran es traslucir no sólo una ignorancia cada vez más de moda en estas cuestiones, sino, sobre todo, una hipocresía con respecto a los anhelos de todos aquellos que hablan emboscados en la conciencia social. El poder, como su propio nombre lo indica, es la fuerza que hace que las cosas sean, la capacidad que hace posible que el deseo se objetive, pero, más que cualquier otra cosa, la forma en que la existencia se afirma. Dicho con otras palabras, el poder es la fuente máxima de vida, aun y cuando solamente pueda ser disfrutado en forma de espectáculo. Qué puede causar más regocijo que contemplar a alguien realmente virtuoso ejercer todo el poder del que es posible.