Eugenio o proclamación de la primavera, novela plena de violencia e idealismo, constituye el canto a una juventud considerada heroica y llamada al sacrificio, tanto si esos jóvenes llevaban camisa azul u ondeaban rojas banderas. Para entenderlo con nuestra mentalidad actual, hay que conocer las circunstancias que engendraron el fenómeno y las lecturas que alimentaron a una generación autopredestinada a luchar sin cuartel en los campos de batalla de la piel de toro por considerar que las opciones intermedias, democráticas, habían cumplido indecorosamente su ciclo y debían dejar paso a soluciones extremas, buscando atajos que en la Historia suelen desembocar en precipicios.
Una obra que renace del olvido y se enriquece con unas ilustraciones oníricas que buscan aliviar sus más duros pasajes.
Partiendo de una reflexión a fondo sobre los grandes sistemas de ética elaborados por el pensamiento universal, el nuevo libro de Heleno Saña es, a la vez, una respuesta y una alternativa a la dramática crisis de valores que atraviesa la Humanidad. Libro cuya temática es, por ambas razones, de palpitante actualidad y de imperecedera vigencia. En una magnífica síntesis de rigor intelectual y de claridad expositiva, el autor nos introduce en el apasionante mundo de las ideas morales y su contraste con el cinismo y la inmoralidad reinantes.
Margarita Nelken va enlazando las escritoras españolas desde los albores del cristianismo, con la influencia de Córdoba y las princesas eruditas, a las juglaresas y soldaderas tanto moras como judías, llegando a finales del siglo XIV con uno de los primeros textos que se conservan en lengua castellana, el testamento de Doña Leonor López de Córdoba. Así va desgranando a consejeras de reyes, a místicas, a visionarias y endemoniadas, sabias, catedráticas y traductoras, mujeres eruditas, con fragmentos de sus cartas y textos. Aparecen María de Zayas y la escuela cínica, las novelas de caballerías, las dramaturgas y las consejeras de reyes. El feminismo de antaño, las poetas, las tertulianas, hasta llegar a las grandes del siglo XIX: Fernán Caballero y Emilia Pardo Bazán.