Colombia, en los años noventa, era un país sumido en el caos con un gobierno débil que combatía a la guerrilla y a los narcotraficantes inmersos en una guerra liderada por Pablo Escobar y sus eternos rivales: los hermanos Rodríguez Orejuela, del cartel de Cali. Jorge Salcedo, ingeniero, oficial de la reserva del ejército, un hombre de negocios respetado, padre de familia, que despreciaba a Escobar, entró a formar parte del cartel de Cali para convertirse en el jefe de seguridad de uno de los capos. Salcedo pretendía ignorar la corrupción, la violencia y la brutalidad que lo rodeaba, y luchó por preservar su integridad con grandes dificultades, hasta que un día recibió una orden directa del padrino que no podía cumplir pero tampoco desobedecer. Salcedo comprendió entonces que su única salida era traicionar al sindicato del crimen más rico y poderoso de todos los tiempos, arriesgarlo todo e intentar derrotar a los de Cali en un juego a vida o muerte en el que eran muy pocas las posibilidades de ganar.
¿Qué es la «vida líquida»? La manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas. Se caracteriza por no mantener ningún rumbo determinado puesto que se halla inscrita en una sociedad que, en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo una misma forma. Lo que define nuestras vidas es, por lo tanto, la precariedad y la incertidumbre constantes. Y el motivo de preocupación que más obstinadamente nos apremia es el temor a que nos sorprendan desprevenidos, a no ser capaces de ponernos al día de unos acontecimientos que se mueven a un ritmo vertiginoso, a no captar el momento en que se hace perentorio un cambio de enfoque y quedar relegados. Así, dada la velocidad de los cambios, la vida consiste hoy en una serie (posiblemente infinita) de nuevos comienzos... pero también de incesantes finales. Entre las artes del vivir líquido moderno y las habilidades necesarias para ponerlas en práctica, librarse de las cosas cobra prioridad sobre el adquirirlas. Bauman nos brinda un diagnóstico de nuestras sociedades certero, agudo e inmensamente conmovedor.
La victoria de Sharon en las elecciones israelíes de febrero de 2001 y los atentados del 11 de septiembre del mismo año han supuesto el fin del proceso de paz que se había iniciado en Oslo. Se cierra una etapa en el conflicto de Oriente Próximo y se abre una nueva, caracterizada por la incertidumbre, la dificultad de encontrar bases mínimas de acuerdo y la agudización de los antagonismos. Desde el corazón de las tinieblas del conflicto palestino se alza de nuevo la voz de Edward Said, tan lúcida en la denuncia -de la inconsecuencia, de la injusticia, de la brutalidad- como en la reclamación de una paz que no puede ser duradera si se sigue abordando desde la desigualdad y la imposición.
En estas Nuevas crónicas palestinas se ha conservado una tercera parte de los artículos del primer libro para ayudar al lector a entender la evolución posterior de los acontecimientos, y se presentan veintitrés nuevos artículos de Edward Said escritos desde marzo de 2001 hasta la actualidad. El resultado es una edición nueva con voluntad de continuidad de una de las mayores tragedias de nuestro tiempo.