Una novela de iniciación a la filosofía con ritmo de aventura y alma de clásico moderno.
Alicia es una chica de nuestro tiempo, curiosa y llena de preguntas: ¿cómo vivir?, ¿qué valores seguir?, ¿qué mundo queremos construir?, ¿cómo puedo ser útil a la sociedad? En busca de respuestas, se embarca en un viaje imaginario por el País de las Ideas. Allí recorrerá siglos y civilizaciones, y conversará con los grandes filósofos de Oriente y Occidente. A lo largo de una veintena de aventuras, viajará desde el Jardín de Epicuro hasta la última clase de Hegel en Berlín. Dialogará con Sócrates en el ágora de Atenas, se adentrará en la caverna de Platón, cruzará el Ganges, escuchará a Buda, interrogará a Lao Zi, deambulará por Sils-Maria con Nietzsche y cuestionará a Freud en su consulta de Viena. También se reunirá con Spinoza y Rousseau, entre otros. Todo con un objetivo claro: encontrar la frase (o máxima) que se tatuará en el brazo como brújula vital. Un relato vibrante que entrelaza imaginación, pensamiento y aventura, ideal para lectores que buscan algo más que una historia.
Wanda rijo fue escogida y apartada por Dios como pastora para avanzar la obra del reino de Dios, afirmar, edificar, equipar y restaurar a cada individuo y familia hasta
que Su gloria cubra la tierra. Es una mujer con un fuerte llamado a la intercesión y
usada por el Espíritu Santo en el ministerio de liberación y sanidad interior, con un llamado profético y gran revelación de la Palabra de Dios. La cual a través de ella, quiere
transmitir su pasión llevando una palabra de aliento a esta generación que provoque
libertad a los cautivos y la renovación del entendimiento en aquellos que anhelan cambios en su vida.
¿Le conocen por las maletas que se echa a cuestas? Probablemente lo hizo esta mañana. En algún punto entre su primer paso y el último para cruzar el umbral, usted tomó quipaje. Fue hasta el dispensador de maletas y cargó unos cuantos bolsos. Pero este dispensador no es la correa transportadora del aeropuerto. Es la de la mente. Y las valijas que tomamos no son de cuero, sino de cargas. La maleta de la culpa. El baúl del descontento. La mochila de la ansiedad y un bolso de tristezas colgado del hombro. Añádase un maletín de perfeccionismos, el saco de la soledad y la bolsa de lona del temor. No es raro que estemos tan cansados al final del día. ¿Hacia dónde podemos volvernos en busca de ayuda? ¿Qué le parece si consultamos a un viejo amigo, el Salmo Veitnitrés?