La matemática Sarah Hart nos descubre el profundo vínculo entre la literatura y las matemáticas a través de un viaje por los libros más destacados de la literatura universal.
A menudo pensamos que las matemáticas y la literatura son dos mundos opuestos, pero ¿y si en realidad estuvieran profundamente conectados? En Érase una vez los números primos, la profesora Sarah Hart nos muestra las múltiples conexiones entre estas disciplinas para que podamos disfrutar de ellas en su totalidad.
¿Sabías, por ejemplo, que Moby Dick está repleto de sofisticada geometría? ¿Que en sus novelas de flujo de conciencia, James Joyce incluyó intencionadamente referencias matemáticas? ¿Que George Eliot estaba obsesionada con las estadísticas? ¿Que Jurassic Park se apoya en patrones fractales? ¿Que tanto Sir Arthur Conan Doyle como Chimamanda Ngozi Adichie escribieron personajes matemáticos?
Desde sonetos hasta cuentos de hadas y pasando por la literatura experimental francesa, la profesora Hart demuestra cómo las matemáticas y la literatura son partes complementarias de la búsqueda por entender la vida humana y nuestro lugar en el universo.
Érase una vez los números primos es un libro ingenioso y divertido que nos invita a un inolvidable viaje que recorre los clásicos que creíamos conocer para revelarnos nuevas capas de belleza y maravilla.
Una reflexión profunda sobre el poder de la emancipación humana.
Eros y civilización parte de la tesis sustentada por Freud –particularmente en El malestar de la cultura - de que la civilización necesita una rígida restricción del «principio del placer». Pero basándose en las posibilidades de la civilización llegada a madurez, Herbert Marcuse aduce que la existencia misma de esta depende de la abolición gradual de todo lo que constriña las tendencias instintivas del hombre. Sin embargo, Marcuse defiende que los logros alcanzados por las culturas occidentales han creado ya los prerrequisitos para el surgimiento de una civilización no represiva pero, ¿de qué depende que nos liberemos de las cadenas que constriñen nuestros deseos?.
¿Dejarías tu vida en manos de un algoritmo? Todos lo hemos hecho ya. A ciegas, sin querer. Si nos lo hubieran preguntado antes, si nos hubieran advertido en la letra grande de los riesgos y las repercusiones de delegar decisiones en la inteligencia artificial, quizá habríamos resuelto otra cosa. Somos, en cierto modo, marionetas del algoritmo, aunque no necesariamente de la manera que imaginamos. Pero quienes manejan los hilos no están hechos de silicio, sino de carne y hueso.