Frente a los prodigios de la tecnología, capaz incluso de simular la inteligencia humana, sumado a la inutilidad aparente de la reflexión sobre el lenguaje o la historia, las humanidades enfrentan en la actualidad desafíos sin precedentes. En su nueva reflexión filosófica Carlos Peña, uno de los intelectuales públicos chilenos más relevantes, da cuenta de que esta querella contra las disciplinas que reflexionan sobre nuestra propia condición es un cuestionamiento de vieja data. En Humanidades. Lo visible y lo invisible, su autor nos invita a reflexionar sobre el papel crucial que estas disciplinas juegan en nuestra cultura y sociedad. Desde los primeros comentarios a los cantos homéricos y hasta las modernas interpretaciones literarias o históricas, las humanidades han sido fundamentales para entender la condición humana y el sentido que subyace a la cultura. Mostrando un gran dominio sobre la materia en cuestión y con un estilo asequible, Peña aborda las tesis sobre las humanidades que enarbolan tanto sus promotores como sus críticos más encarnizados, y defiende su relevancia en una sociedad donde la información es abundante pero la reflexión escasea. Un libro que es, en suma, una llamada a redescubrir el valor de la lectura, la reflexión y el pensamiento crítico.
Inédito hasta ahora, el breve «estudio o meditación» que Carlos Edmundo de Ory dedicó a una de las formas primordiales de su personal imaginario, Humanismo del árbol, fue lentamente gestado y madurado por el poeta desde que lo concibiera por primera vez a comienzos de los años cincuenta. Lirismo, erudición y una temprana conciencia ecológica ―«Volvamos a la Naturaleza. Ella nos enseñará más, mucho más que todos los filósofos del mundo»― se dan la mano en un hermoso y cautivador ensayo que se acoge a la autoridad de presencias tutelares como Dante, Blake, Novalis, Baudelaire, Poe, Thoreau, Whitman, Rimbaud, Lawrence o Michelet, sabiamente glosadas, para proponer un reencuentro con el «alma primitiva» que vio en el bosque un ser vivo y plural, habitado por individuos únicos e irrepetibles cuya «maravilla inagotable escapa a la definición nominalista».
La situación que hemos vivido ha mostrado los descosidos del sistema educativo y ha puesto de manifiesto lo alejado que este se halla de la realidad. Se ha desvelado la inflexibilidad del currículo: es este el que ha de adaptarse a la realidad, no al revés. Estos meses, al hablar de educación, los verbos que más se han escuchado han sido examinar y evaluar. Es la vida la que nos está poniendo a prueba, y lo que tenemos que evaluar es el sistema. Así que, en lugar de buscar diferentes respuestas a las preguntas de siempre, quizá debamos cambiar las preguntas: ¿qué herramientas necesitan los niños y las niñas? ¿Qué carencias encontramos en la educación que hemos recibido? ¿Servirá lo que hemos vivido para reflexionar o volveremos a la educación prepandemia como si nada hubiera pasado? Tenemos que aprovechar este momento para replantearnos la educación que queremos: si hay algo que está claro, es que todo comienza en la educación.