Un nuevo enfoque a cómo la década de los veinte a los treinta años es básica para construir el resto de nuestras vidas Existe una corriente social que piensa que la década de los veinte años no es una edad realmente importante. Algunos la consideran una prolongación de la adolescencia. Otros, una incipiente adultez. Sin embargo, los veinte y principio de los treinta años es en realidad uno de los periodos más transformadores de la vida adulta. La doctora Meg Jay, psicóloga clínica, señala en este libro que estos jóvenes se ven atrapados en una espiral de desinformación. Están asustados, confundidos y desorientados, y sus únicas referencias para guiarse en la vida proceden de los tópicos de las películas, los periódicos y los amigos. Fruto de más de diez años de experiencia con cientos de pacientes y alumnos veinteañeros, La década decisiva combina los últimos estudios sobre esta etapa vital con historias reales contadas por sus propios protagonistas.
Segundo volumen de este monumental intento de establecer una filosofía de la Historia.
Editada por primera vez en España en 1923 y precedida de un prólogo de Ortega, esta obra, abundante en datos, teorías, reflexiones, etc., plantea la hipótesis de que Occidente no lo es todo, y que se acaba. Para Spengler la Historia está habitada de seres/culturas que nacen, crecen, se multiplican y mueren. Quizá la lectura ayude a responder alguna de las cuestiones que Ortega plantea en su texto: «¿De qué modo puede sucumbir una cultura que no sea por propia detención…?». Una obra magistral que ha trascendido al tiempo.
"La decadencia de Occidente" se editó por primera vez en España en 1923. Oswald Spengler había comenzado a escribir esta obra cuando la Primera Guerra Mundial interrumpió su tarea, y claro, la extendió, en varios sentidos. Ortega firma el prólogo de la edición española y escribe, casi de paso hacia otra reflexión: «… la guerra mundial, que no ha sido tan mundial como se dice…»; con ello se hace eco del punto de vista/palanca que el autor propone como explicación de su trabajo: Occidente no lo es todo y, además, se acaba. Y lo demuestra. Spengler maneja una ingente cantidad de información: baraja números, música, catedrales e hipótesis científicas con lo mágico, el sino y las eternas preguntas sin respuesta del hombre; sitúa su luz sobre los hechos en ángulos distintos de los acostumbrados y alumbra diferentes aspectos de las mismas cosas. Para él la historia está habitada de seres/culturas que nacen, crecen, se multiplican y mueren. Un monumental intento de establecer de establecer una filosofía de la Historia que establezca un marco global de comprensión de los hombres y las sociedades en el transcurso del tiempo.