Desde su creación en 1974, el cubo de Rubik ha vendido más de 400 millones de ejemplares. Pese a que pocos saben resolverlo, su creador Ernó Rubik asegura que cualquiera podría haberlo inventado. Esta es la historia de un célebre juego, pero también la del hombre que hay detrás: uno que ya de niño adoraba los puzles geométricos y que de ahí en adelante se encargó de imaginar muchos otros juegos posibles. Uno que jamás dejó de divertirse y de soñar con nuevos rompecabezas e ingenios matemáticos, y que sin quererlo inventó uno de los objetos más icónicos de todos los tiempos. Rubik son unas memorias repletas del ímpetu nostálgico y la humildad de un genio. Pero no solo son unas memorias, son mucho más que eso. Son también una explicación única del proceso creativo, un manual para el paciente e imperfecto arte de la invención, y una invitación al acto más puro y creativo de todos: jugar.
Dos médicos en la misma ciudad pueden dar diagnósticos diferentes a pacientes idénticos; dos jueces pueden dictar sentencias distintas ante delitos similares; nosotros mismos podemos decidir una cosa u otra según sea por la mañana o por la tarde, o según se acerque o no la hora de comer. Estos son ejemplos de ruido: el sesgo que conlleva variabilidad en juicios que deberían ser iguales.
El ruido está presente en todas las decisiones individuales y colectivas, y produce errores en innumerables terrenos, desde la medicina hasta la economía, pasando por el derecho, la sanidad, la protección infantil y la contratación. Además, también nos importuna e influye a la hora de tomar muchas de nuestras decisiones cotidianas.
Daniel Kahneman, uno de los psicólogos más importantes del mundo, junto con Cass R. Sunstein y Olivier Sibony, dos eminencias mundiales en pensamiento estratégico, nos enseñan a escuchar ese ruido, cuyo impacto tendemos a ignorar, y a reducirlo para mejorar nuestros juicios. Basado en el mismo tipo de análisis agudo e ingeniosos ejemplos que convirtió Pensar rápido, pensar despacio en un best seller internacional, Ruido ofrece una serie de remedios originales, prácticos y sencillos para pensar mejor.
Dos médicos en la misma ciudad pueden dar diagnósticos diferentes a pacientes idénticos; dos jueces pueden dictar sentencias distintas ante delitos similares; nosotros mismos podemos decidir una cosa u otra según sea por la mañana o por la tarde, o según se acerque o no la hora de comer. Estos son ejemplos de ruido: el sesgo que conlleva variabilidad en juicios que deberían ser iguales.
El ruido está presente en todas las decisiones individuales y colectivas, y produce errores en innumerables terrenos, desde la medicina hasta la economía, pasando por el derecho, la sanidad, la protección infantil y la contratación. Además, también nos importuna e influye a la hora de tomar muchas de nuestras decisiones cotidianas.