Estamos ante la idea de un principio que es el origen de todas las cosas, tanto en sus manifestaciones físicas como en sus aspectos abstractos, y al que todo debe retornar. El Tao es la energía fundamental que sostiene al universo y su movimiento. Una fuente cósmica primigenia de la que surge la creación. Es el camino por antonomasia, anterior a todo lo demás. Es uno de los fundamentos de la doctrina iniciática del taoísmo filosófico, con un papel relevante en la religión china, en el budismo y el neoconfucionismo. Es abstracto, amorfo, inaudible, intangible e inasible. Del Tao surge todo lo demás y por tanto es la esencia de todo lo existente. Una fuente de inspiración permanente para el hombre a lo largo de generaciones, que se expande más allá de las fronteras del Lejano Oriente y que aún perdura y tiene vigencia y gran influencia en nuestros días.
En este libro, la pastora Yesenia Then, nos recuerda que sin importar lo difícil que sea el terreno donde Dios no ha plantado, nuestro crecimiento debe ser indetenible, pues no somos víctimas de nuestro entorno, sino los agentes de cambio que Dios ha enviado al mismo. Con su particular estilo y con una perspectiva fresca, Yesenia nos muestra como al hacer entrada en los diferentes niveles de crecimiento que Dios ha trazado para nosotros, nuestra percepción se transforma y lejos de sentirnos en crisis, comenzamos a ser la crisis opresora de nuestras circunstancias. e Desafío a Crecer, más que un simple libro es una herramienta de inspiración, dirección y fortalecimiento que nos empuja a no conformarnos con menos de lo que fuimos creados para ser. El desafío está en pie: atrévase por encima de cualquier dificultad, a crecer continuamente.
El trabajo de todo el mundo, desde los conductores de Uber y los telefonistas hasta los programadores y los banqueros de inversión, está siendo sometido a la gamificación, la última cara amable de las prácticas laborales que explotan a millones de personas. Nuestro mundo se parece cada vez más a un juego al que no podemos dejar de jugar, en el que nos jugamos tanto que fracasar no supone llevarse un animoso "vuelve a intentarlo", sino perder nuestro medio de vida... o algo peor.»
Los trabajadores de un almacén preparan cajas mientras un dragón virtual corretea por sus pantallas. Si vencen a sus compañeros, obtienen un premio. Si no, pueden ser despedidos. Uber plantea retos a sus chóferes agotados para que sigan conduciendo. China puntúa a sus ciudadanos para que se comporten correctamente, y las microtransacciones de los videojuegos se aprovechan de los logros para vaciar nuestros bolsillos.