¿Qué papel juegan las emociones en la configuración de nuestro mundo individual y colectivo? Con la lucidez y originalidad que la distinguen, Eva Illouz examina cómo los sentimientos que nos atraviesan están íntimamente ligados a las configuraciones económicas, políticas y culturales que nos gobiernan. A lo largo de nueve capítulos compuestos con maestría, la autora analiza cómo la esperanza y la decepción, la nostalgia y el miedo, la vergüenza y el orgullo no son meros estados subjetivos sino fuerzas que modelan la vida social contemporánea, y traza las conexiones entre estos afectos y fenómenos como la crisis de la democracia, la lucha por la vida bajo el capitalismo y los conflictos en torno de las nociones de identidad. Combinando análisis sociológico, reflexión filosófica y una profunda inmersión en la literatura universal
-desde Safo hasta Annie Ernaux-, Illouz pone en escena las contradicciones trágicas de una época en la que las emociones se han vuelto tanto más intensas cuanto más mediadas están por las instituciones sociales.
En estas páginas, Diego S. Garrocho no arma una defensa de la prudencia ni de las buenas maneras en política, sino la constatación de cómo en un contexto atravesado por irracionales identitarismos y juegos de posición, la moderación es, sobre todo, un acto de valentía.
El 10 de enero de 1992 una tormenta sorprendió a un carguero que cruzaba el Pacífico desde Hong Kong hasta Washington. Doce contenedores cayeron al mar. Uno de ellos se abrió y liberó 28.800 bolsi-tas de juguetes de plástico al mar. Miles de animales de goma, entre los que se encontraban patitos amarillos, ranas verdes, castores rojos y tortugas azules, navegaron por las corrientes oceánicas hasta naufragar, ser presa de los animales marinos o quedar varados en playas inexploradas.
El periodista Donovan Hohn leyó la noticia y decidió seguir el rastro de los juguetes de plástico. Este hecho, en principio anecdótico, se convirtió en una odisea accidentada que lo llevó hasta China, Alaska, Hawai, Escocia y el Ártico, lugares en los que fue testigo del complejo entramado de las compañías marítimas, de la minuciosidad del trabajo de los oceanógrafos, de los riesgos de los marineros disidentes y del oscuro mundo de las fábricas de juguetes chinas. Moby-Duck es un viaje trepidante a las profundidades del océano divertido y curioso. Un recorrido científico, mítico, con moraleja ecologista, que se lee como una novela.