Tamara Petkévich gozó de una infancia privilegiada en la Petrogrado de los primeros años del régimen soviético, en el seno de una familia afiliada al Partido Comunista Bolchevique.Pero al cumplir diecisiete años su padre fue arrestado durante la Gran Purga, y la familia pasó a ser «enemigos del pueblo». Más tarde, ella y su marido recibirían una sentencia de siete años de trabajos forzados en el gulag. Allí desarrolló distintos oficios: controladora de producción en una fábrica, miembro de una brigada de cantera, enfermera... No obstante, si bien Petkévich se hizo actriz profesional después de su liberación, fue en los escenarios de los campos repartidos en la República de Komi donde aprendió su oficio. El suyo es un relato único que da testimonio del poder del arte para salvar vidas.
UN TEMA PARA EL DEBATE.
UN FENÓMENO EDITORIAL DESDE SU PUBLICACIÓN.
UN LIBRO QUE NO DEJARÁ A NADIE INDIFERENTE.
Mucho se ha dicho acerca de la incompatibilidad de la ciencia y la religión. La creencia de que una invalida la otra ha estado presente durante años. Y sin embargo, según avanza la tecnología, la sociedad y la cultura, esta noción pierde fuerza: nunca como en esta primera mitad del siglo XXI ha habido tantas pruebas científicas de la existencia de un Creador.
En este libro, José Carlos González-Hurtado muestra todas las pruebas que apuntan a Dios. Sin embargo, este no es un libro de religión. Haciendo hincapié en los grandes descubrimientos actuales con un estilo ágil y riguroso, el autor invita a la reflexión y el diálogo y expone en estas páginas la respuesta a la que probablemente sea la cuestión más trascendental a la que podemos enfrentarnos.
Para cultivar la comprensión del planeta y de nuestros semejantes, además de viajar, tenemos el recurso de la gran literatura. Hay un mundo que conocer y en el que perderse, y si nos dejamos guiar por la curiosidad, esta puede llevarnos a un viaje interior que nos cambie a mejor. El mundo es cada vez más pequeño: todos estamos más conectados y podemos explorar el planeta de formas que a nuestros antepasados ni se les habría pasado por la mente. Y, sin embargo, pueden verse divisiones por doquier. Cunde la desconfianza y las falsedades se propagan. Viajar puede ayudarnos a contrarrestar estas tendencias, al igual que lo puede hacer leer sobre las experiencias de otras personas en otras tierras y épocas.