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CIEN NOVELAS CON NOMBRE DE MUJER

¿Cómo se representa a las mujeres en la literatura? La respuesta a esta pregunta depende, en gran medida, de la época de la que hablemos, pero también de la mirada con la cual cada autora o autor ha observado la vida y compuesto los mundos de sus personajes. En este libro, Consuelo Triviño Anzola recorre la novela occidental desde prácticamente sus orígenes -con La princesa de Clèves, de Madame de Lafayette- hasta el más inmediato presente -con Malena es un nombre de tango, de Almudena Grandes, o Carlota Fainberg, de Antonio Muñoz Molina-. Un verdadero viaje literario que, además de ilustrar el modo en el que las mujeres han sido reflejadas por escrito en uno u otro momento de nuestras historias, deja entrever las profundas tensiones que han nacido en torno a ellas y al desplazamiento de sus roles en la sociedad, así como la incesante lucha de las propias autoras por autorrepresentarse. Un libro iluminador y personal que tan pronto se detiene en los clásicos más conocidos como descubre joyas que han pasado inadvertidas.
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CINCO ENIGMAS DE LA HISTORIA

¿Por qué Aníbal no conquistó Roma? | La destrucción de la flota china de Zheng He | ¿Quién fue el Hombre de la Máscara de Hierro? | El mito de la gran duquesa Anastasia | El último vuelo de Amelia Earhart. La Historia no es sino una sucesión de enigmas. Los cinco aquí seleccionados son especialmente misteriosos o sorprendentes y por ello han enraizado con fuerza en la memoria colectiva. Crueldad y altruismo, mentira interesada y búsqueda de certezas, decisiones incomprensibles y hazañas memorables, indagación psicológica y análisis de la documentación, todo se mezcla en un apasionante viaje que abarca más de veinte siglos y recorre los cinco continentes. Un puñado de preguntas sin respuesta sobre las que, sin embargo, hay mucho que decir. La indecisión de Aníbal, el gran general africano, a la hora de tomar Roma; el éxito estéril del navegante chino Zheng He, cuya flota, por magnitud, tripulación y número de barcos, opacaba a las de Colón y Vasco de Gama; la identidad desconocida del más famoso prisionero de la Historia de Francia, el misterioso «Hombre de la Máscara de Hierro», condenado a esconder su identidad hasta la muerte y cuyo carcelero estuvo a las órdenes de D’Artagnan; el brutal asesinato de los Romanov, la familia real rusa, y las leyendas que se suscitaron acerca de la gran duquesa Anastasia; y, finalmente, la desaparición de Amelia Earhart, aviadora indomable, mito imperecedero en los Estados Unidos que intentó convertirse, en 1937, en la primera mujer en circunvolar la tierra a bordo de su inmortal Lockheed 10-E Electra, se engarzan en una fluida e impecable narración que recoge en un todo armónico la precisión de los datos y la intriga de lo desconocido.
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CINCO GRANDES HEREJES

Akenatón, el faraón monoteísta | Arrio contra la Trinidad | Miguel Servet, atrapado por Calvino | Giordano Bruno, sol y fuego | El peculiar método de John Wesley El hereje fascina por su carga implícita de rebeldía, pues por definición nada a contracorriente de una religión establecida. Reta a una fe, con su doctrina, su casta sacerdotal y su ortodoxia, pero lo hace sin renunciar a las creencias compartidas. Su impulso transformador ofrece resultados inciertos a lo largo de la historia. Muchos herejes han terminado muertos, presos o desterrados. Otros, en cambio, son los padres fundadores de una nueva religión o los nuevos líderes del viejo credo reformado. Akenatón, marido de Nefertiti, quiso fundar una religión al margen de la casta sacerdotal. Su intento precoz de monoteísmo en Atón, el dios solar, era también una manera de reformar el vasto imperio del Nilo. Arrio fue un líder espiritual del cristianismo primitivo cuando la doctrina aún estaba en discusión, en los años previos al concilio de Nicea. Negar la Trinidad le costó caro, pero estuvo cerca de triunfar. Dos herejes, casi contemporáneos en el tiempo, encarnan la rebeldía intelectual: el español Miguel Servet y el italiano Giordano Bruno. Servet quería una religión que regresara al cristianismo primitivo y se pusiera al servicio de las personas. Para huir de sus inquisidores se refugió en Ginebra, sin sospechar que Calvino era aún más intolerante. Bruno fue un gran pensador cuyo impulso reformista bajo el signo de la tolerancia le acabaría llevando a la hoguera. Por último, sin el peculiar método de transmitir los valores de la iglesia anglicana de John Wesley, que lo llevó a fundar una nueva religión, no podríamos entender la historia de Estados Unidos.
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