Había llegado al límite de su resistencia. Se encontraba en ese momento en que el dolor-el peor dolor, el que produce la soledad de espíritu- amenazaba con desbordar y convertirse en la más insondable desesperación. ¿Qué mejor prueba podía tener de la inexistencia de Dios que su insensato sufrimiento? Aunque si existiera y fuese Dios de bondad, ¿no podría, en su soledad, reclamarle como interlocutor? Este último gesto de esperanza obró el milagro.
Las Cartas del diablo a su sobrino se publicaron por primera vez en el Manchester Guardian en 1941. Recogen la correspondencia entre demonios: uno ya anciano y retirado y otro joven en su primera misión con un "paciente". "Las Cartas -dice el propio Lewis- tuvieron una acogida como nunca hubiera soñado. Las críticas fueron elogiosas o estaban llenas de esa clase de irritación que le dice al autor que ha dado en el blanco que se proponía; las ventas fueron inicialmente prodigiosas, y se han mantenido estables. El libro ha tenido un número suficiente de lectores como para que valga la pena dar respuesta a algunos de los interrogantes que ha suscitado entre ellos. La pregunta más corriente es si realmente creo en el diablo".
Cuando cambias tu conversación, cambia tu vida.
Este estuche reúne los cuatro volúmenes esenciales de la obra que ha inspirado a millones de personas en todo el mundo. En Conversaciones con Dios, Neale Donald Walsch nos invita a abrir el corazón y a escuchar una voz que todos llevamos dentro: la sabiduría del alma, el diálogo eterno entre el ser humano y lo divino.
A través de preguntas profundas y respuestas llenas de compasión, claridad y amor, estos libros exploran temas universales: el propósito de la existencia, el miedo, las relaciones, la abundancia, la espiritualidad práctica y la evolución de la humanidad. Cada tomo nos guía a reconectar con nuestra esencia y recordar quiénes somos realmente.
Un diálogo singular (Conversaciones con Dios 1)La historia de un hombre en crisis que, al escribir a Dios, recibe respuestas que transforman su vida. Un recordatorio de que todos podemos comunicarnos con lo divino.