En esta nueva edición presentamos una versión cuidadosamente revisada y corregida de la primera traducción (de 1986) y restituimos el título original que Hirschman quiso dar a su obra. También recuperamos el prólogo "inédito en castellano" que Robert H. Frank escribió con motivo del vigésimo aniversario de la publicación del libro e incluimos uno nuevo para el público hispanohablante a cargo de Santiago Gerchunoff.
Considerado precursor del ecosocialismo y de las teorías del decrecimiento, el filósofo y periodista de la RDA Wolfgang Harich nadó a contracorriente del pensamiento oficial en los países del Este. Defendió desde el marxismo las tesis del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, aunque su propuesta se basaba en plantear un comunismo decrecentista con un Estado fuerte, pues consideraba que la sociedad solo aceptaría restricciones al consumo de bienes mediante mecanismos coercitivos. Ambas corrientes tendieron a converger en las décadas posteriores, siendo la base del ecosocialismo –desde el ámbito más teórico al más activista– que ha llegado a nuestros días: interpretar el desarrollo del capitalismo como una Raubwirtschaft o economía de rapiña continuada y creciente para impulsar la acumulación de capital. Entendidos así, los movimientos sociales a menudo tienen un contenido ecológico al intentar resguardar los recursos naturales fuera de la economía mercantil, y colocarlos bajo control comunitario.
La correspondencia entre el poeta Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998) y el artista Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) conforma una documentación íntima excepcional que permite conocer la extensa e intensa relación de amistad y de colaboración entre dos de los grandes referentes de la vanguardia artística y literaria catalana de la segunda mitad del siglo XX.
En diciembre de 1950, después de haber inaugurado su primera exposición individual en Barcelona, Antoni Tàpies se iba a París, becado por el Instituto Francés. El 15 de diciembre de 1950 escribía a su amigo Joan Brossa para explicarle sus primeras impresiones de la ciudad y comentarle cómo de importante era para él su amistad.
Es la primera de las cartas que constituyen el epistolario entre los dos creadores formado por 32 documentos que van de 1950 a 1991. Las cartas son un rico testimonio de la fascinación por París, la atmósfera asfixiante del franquismo, el descubrimiento de la amistad y la admiración mutua en un momento clave de la evolución de la obra creativa del poeta y del pintor.