¿Qué significa que el único amor verdadero sea el amor imposible? ¿Es el amor lo que suponemos que es? ¿Y si fueran las preguntas lo que hay que cambiar porque es en la imposibilidad del encuentro amoroso donde radica su verdad?
Un ejercicio de pensamiento radical que nos anima a desandar lo andado en el camino del amor
Este libro es una propuesta de deconstrucción radical sobre uno de los eventos más centrales de nuestra existencia. En ocho tesis que arrojan luz para que dejemos de caminar a oscuras por la senda del amor, Darío Sztajnszrajber presenta una práctica política concreta que cuestiona el amor comercial y romántico que se nos vende como dominante, único y normativo. Se abre camino a martillazos contra esa arquitectura sentimental sostenida por el sentido común, por definiciones y naturalezas forzadas. Y entonces, sí: categorías cristalizadas como la pareja, la familia, la media naranja y el primer amor, entre otras, son puestas en evidencia, caen por su propio peso y se rompen.
El amor es imposible conduce al insomnio, y de ahí a una revolución íntima y perturbadora comandada por el deseo genuino de la intranquilidad: no queremos estar donde estamos. Un trabajo de años, de lecturas y de conversaciones en el que Darío Sztajnszrajber pone una vez más, al alcance de quienes estén dispuestos a jugar el juego, las herramientas de la filosofía para rebelarse y exigir siempre, aunque suene a destiempo y desubicado, animarse a lo imposible.
Supervivientes de deportaciones, guerras o genocidios, víctimas de accidentes, personas que conviven con la discapacidad o simplemente personas que han sufrido maltratos y humillaciones encuentran la posibilidad de redefinir el sentido del dolor, a través de sus propios medios afectivos, gracias al vínculo que supone el encuentro y el inicio de una relación amorosa.
A través de una prosa amena que se lee como una historia de amor, Cyrulnik aproxima la teoría de la resiliencia a las teorías sobre vínculo amoroso: una experiencia que nos une con el mundo y con la vida, con los demás y con nosotros mismos.
El 12 de julio de 1776, el capitán James Cook, ya considerado el mayor explorador de la historia británica, emprendió su tercer viaje a bordo del HMS Resolution. Dos años y medio después, en una playa de Hawái, Cook fue asesinado a golpes y apuñalado en un conflicto con la población indígena. ¿Qué llevó a Cook a estos últimos momentos, tan contrarios a su reputación? Reconocido por su liderazgo humano, su dedicación a la ciencia y la curiosidad y el respeto, sin prejuicios, con los que se aproximaba a sociedades que le eran desconocidas, Cook ya había cartografiado vastas extensiones del Pacífico e iniciado el primer contacto europeo con numerosos pueblos indígenas.
La misión declarada para su tercer viaje era devolver a sus islas natales a un tahitiano, Mai, que se había convertido en una figura de la alta sociedad londinense. Pero Cook portaba órdenes secretas de aventurarse al norte, descubrir el legendario Paso del Noroeste y cartografiar y reclamar tierras antes que los rivales imperiales de Gran Bretaña. Y el propio Cook fue diferente en su último y fatal viaje.