A Arturo Barea se le ve a menudo como un escritor espontáneo, apasionado contra la injusticia. En realidad, trabajaba sus escritos con cuidado y tenía un claro objetivo dual, tanto personal como político. Escribía la historia de su propia vida para intentar entender su crisis nerviosa en 1937 durante el sitio de Madrid y a la vez para mostrar las causas subyacentes de la Guerra Civil. Con percepción aguda, este chico autodidacta de Lavapiés, un barrio obrero de Madrid, que dejó la escuela con trece años, plasmó «lo que había olido, visto, palpado y sentido» en los tres tomos de su novela autobiográfica, La forja de un rebelde. Y al hacerlo retrató la sociedad española de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Exiliado en Inglaterra durante los últimos 18 años de su vida, Barea publicó varios libros más. De hecho, el exilio le hizo escritor. Destacan sus ensayos de crítica literaria, Unamuno y el excelente Lorca, el poeta y su pueblo. Además, a diferencia del mundo de los sentidos que recrea en la trilogía, analizó las raíces de la ideología de Franco en Lucha por el alma española.
En esta ocasión el doctor Pedro Gargantilla sumerge a sus lectores en un cautivador viaje a través de algunos de los más macabros eventos que han dejado una marca indeleble en el pasado de la humanidad: sus crímenes. Desde el primer asesinato registrado en tierras burgalesas, más de 200.000 años antes de la aparición del Homo sapiens, hasta los impactantes magnicidios del siglo xx en EE. UU. que sacudieron el mundo. Una obra que explora oscuros episodios como la ejecución de Sócrates, cuyo legado filosófico resonaría a lo largo de los siglos, el asesinato de Julio César, que tambaleó los cimientos del Imperio romano, o las sanguinarias ejecuciones de nobles y reyes durante la Revolución francesa, cuando la guillotina se convirtió en un símbolo de cambio social y libertad. El relato nos sumerge también en el asesinato de Abraham Lincoln, que cambió el destino de una nación dividida, en la tragedia de los Románov o en aquellos oscuros días de noviembre cuando el magnicidio de Kennedy destruyó el espíritu de una nación y la confianza en la democracia estadounidense.
«Día cero»: un virus informático que permite a un hacker adentrarse en tus aparatos y moverse sin que le detecten. Una de las herramientas más codiciadas en el arsenal de un espía, un día cero tiene el poder de espiar en silencio tu iPhone, desmantelar los controles de seguridad en una fábrica de químicos, modificar votaciones y apagar la red eléctrica.
Durante décadas, bajo la protección de niveles clasificatorios y acuerdos de confidencialidad, el gobierno de Estados Unidos se convirtió en el principal acaparador de días cero del mundo. Los agentes del gobierno de EE.UU. pagaron un elevado precio (primero miles, después millones de dólares) a hackers dispuestos a vender sus códigos de acceso y su silencio. Pero luego, Estados Unidos perdió el control de su provisión y del mercado.
Ahora esos días cero están en manos de naciones hostiles y de mercenarios a quienes no les importa si tu voto se pierde, si se contamina tu agua o si nuestras centrales nucleares se colapsan.