Una defensa del nihilismo como filosofía de una vida que merece ser vivida.
En estos tiempos incrédulos y desapegados, proliferan los análisis que advierten sobre el supuestamente horroroso nihilismo que domina y amenaza a nuestra civilización. Pero el filósofo Jesús Zamora Bonilla lo tiene claro: es preferible vivir en esta sociedad nihilista que en cualquiera de los lugares a los que los antinihilistas aspiran a trasladarnos.
El nihilismo no ha tenido prácticamente defensores entre los filósofos más destacados, por lo que es una filosofía un tanto huérfana. La nada nadea viene a rellenar ese hueco, para hacernos ver que la mala fama que tiene esta corriente de pensamiento no está justificada. Porque el nihilismo no es más que la negación de la existencia de valores absolutos y trascendentes (ya vengan dados por un ente sobrenatural, por una razón universal y abstracta, por la naturaleza, o por la sociedad).
Este libro explora, con un tono humorístico, divulgativo y optimista, las dos corrientes filosóficas que más han contribuido al desarrollo histórico del nihilismo: el escepticismo y el positivismo. Y presenta los cuatro pilares fundamentales sobre los que se apoya la concepción nihilista de la existencia: el ateísmo (el rechazo de la fe religiosa), el determinismo (la negación del libre albedrío), el relativismo (la aceptación de que no hay valores morales objetivos y absolutos) y el materialismo (el reconocimiento de que, en el fondo, sólo importa lo material).
«Vienen los persas». Tras oír estas palabras, Gorgo de Esparta entra en un peligroso mundo de dioses vengativos y héroes invencibles. Ahora sabe que un poderoso imperio amenaza a Atenas y a Esparta y quiere apoderarse de toda Grecia. Como princesa espartana, la sangre de Zeus corre por sus venas y le confiere el antiguo poder de transformarse en loba. Gorgo tendrá que recurrir a todo su valor y astucia para liderar a su ciudad en la mayor guerra de la historia, en la que combatirán hasta los propios dioses.
En esta época que estamos viviendo de posverdad, en la que priman las noticias falsas y la desinformación, mentir es ya una práctica habitual, y la verdad y su búsqueda han perdido su valor. No obstante, las mentiras no son una novedad: nos han acompañado a lo largo de la historia y siempre han formado parte de nuestras vidas y nuestras conductas.
Aprendemos a mentir desde la más tierna infancia y, aunque todos hemos contado alguna mentira piadosa, lo importante es identificar las mentiras más peligrosas. Por suerte, con el tiempo se han ido actualizando las técnicas y herramientas para detectarlas: las imágenes neuronales y la inteligencia artificial, entre otras, nos ayudan a aplicar una perspectiva cognitiva, a detectar las señales no verbales y a encontrar las pruebas que se escapan a simple vista.