Desde el indeleble recuento de su estancia por Arabia Saudí, pasando por la industria cinematográfica siria, el conflicto de Gaza, y un devastador artículo sobre la captura y las ejecuciones de los cuatro periodistas y cooperadores internacionales en manos del Estado Islámico y el estrepitoso fracaso de las democracias occidentales, en particular de Estados Unidos para hacer frente al conflicto que asola Oriente Medio, el lector se ve embarcado en una inquietante travesía por el mundo de la violencia yihadista, convirtiéndose en observador de perpetradores, cabecillas, lobos solitarios, víctimas y enemigos.
Si hay un género literario capaz de ensimismarnos y regalarnos horas de placentera lectura, absortos en la resolución de algún enigma, en la persecución de un asesino o en la aclaración de un crimen más o menos sangriento, este es sin duda el género negro, la novela policiaca, también conocida como noir. Con la intención de desmontar los grandes tópicos que rodean a esta literatura, Eugenio Fuentes indaga en los orígenes históricos, sociales y literarios de un género que juega con la verdad y la mentira, con los problemas psicológicos de sus protagonistas o sus dificultades para relacionarse con el mundo y sus semejantes.
Ejemplar cultivador él mismo de este género, y creador del inolvidable personaje Ricardo Cupido, Fuentes se acerca en esta obra a los grandes autores de novela negra desde Poe o Conan Doyle hasta Stieg Larsson y explora personajes, tramas, emociones y toda la mitología propia de un género que explora nuestras miserias morales y que se desliza por la fina línea que separa el bien del mal.
Al comprar una casa en la isla de Hidra, la escritora Charmian Clift cumplió un sueño largamente acariciado: echar raíces en un puertecito de aguas cristalinas, luz cegadora y costumbres sencillas, lo más parecido a un paraíso en miniatura. Allí, Clift y su marido pronto ocuparon el centro de una comunidad de artistas y bohemios, soñadores y vagabundos que buscaban en Grecia una vida barata y sin ataduras, consagrada a la creación o a la vagancia. Entre ellos destacaría un todavía desconocido Leonard Cohen, al que el matrimonio acogió e inspiró con su ejemplo. Pero, como todo paraíso terrenal, el de Clift tenía un precio. Los días se le iban en poner coto al caos doméstico y en cuidar de sus tres hijos, los ingresos que generaban los derechos de autor eran exiguos, y las tabernas y el alcohol eran una distracción constante. Después de los pobres creativos llegaron los ricos y sus yates, y un buen día una legión de norteamericanos desembarcó en Hidra para rodar una película de Hollywood. Aquel rincón idílico se había convertido en una isla chic.
Los buscadores de loto es la crónica apasionante del nacimiento y la disolución de una utopía, de una época efervescente en la que Hidra fue un laboratorio social y artístico en el que experimentar con formas de vida distintas, antes de que el turismo y la modernidad más ramplona interrumpieran un sueño que parecía eterno.