La Edad Media no fue esa época oscura llena de mugre, fanatismo y dragones (ojalá lo de los dragones fuera cierto) que te ha contado el cine, sino un periodo fascinante, diverso y crucial para la historia de la humanidad y para entender de dónde venimos. El youtuber y escritor Andoni Garrido desgrana los mil años de historia medieval en Europa con su particular estilo riguroso a la par que desternillante y desvela las filias y las fobias de unos monarcas que querían reinar mucho, pero, a veces, no mandaban ni en su casa.
De la llegada de los visigodos a la unión dinástica de los Reyes Católicos, Castillos y Catapultazos pone el foco en los hechos y personajes de la Península ibérica y en la noble tarea de destruir los mitos y bulos que rodean el periodo. Ni los medievales pensaban que la Tierra, ni la Iglesia era un obstáculo para los avances tecnológicos, ni, por supuesto, ser el más sucio del barrio era un deporte nacional. Y sí, hubo cruzadas, inquisiciones y peste negra, pero también catedrales que aún nos dejan boquiabiertos, literatura que sigue inspirándonos y una ciencia en ciernes que sentó las bases de lo que vendría después.
En esta historia de una revolución fallida, Luciano Canfora desmonta la imagen oficial de Catilina —esa que lo retrata como simple conspirador derrotado— y reconstruye, con agudeza y erudición, el perfil de un líder político cuya memoria fue deliberadamente borrada por los vencedores.
«Catilina. Una revolución fallida» aborda uno de los episodios más turbulentos del final de la República romana. El nombre de Catilina ha pasado a la historia como sinónimo de traición, pero su sombra —como demuestra Canfora— siguió proyectándose sobre Roma mucho después de su muerte. A partir de un riguroso análisis de las fuentes antiguas, especialmente de los discursos de Cicerón y la narración de Salustio, este libro cuestiona la versión oficial de los hechos y devela cómo la supuesta conspiración no fue un episodio aislado, sino el síntoma de una crisis más profunda: la pugna irresuelta entre las élites senatoriales, los sectores populares y las aspiraciones de poder personal que acabarían liquidando la libertas republicana.
México es uno de los lugares más peligrosos en el mundo para ejercer el periodismo.
En nuestro país, a muchos periodistas ocupados en la cobertura de temas locales se les hostiga, amedrenta y asesina por tomar postura sobre las injusticias que revelan, por señalar el abuso del poder y por dar voz a las inquietudes de su comunidad. Alejandra Ibarra expone en este libro una verdad trágica que llena de dolor e indignación: a numerosos comunicadores en México no se les mata por censura,sino como una forma de castigo por incursionar en la participación política, por señalar la impunidad y corruptelas de funcionarios, alcaldes o aspirantes a gobernadores, por invitar a los ciudadanos a tomar conciencia de los engaños de funcionarios públicos y de las atrocidades del crimen organizado. Y son estos periodistas, que no tienen la atención de los grandes medios de comunicación, a quienes nadie defiende ni se solidariza con su causa, quienes dan su vida por una sociedad mejor.