Escrita entre 1978 y 1980, cuando el autor tenía alrededor de veintiséis años, Sobre el cuerpo es la primera obra del reconocido filósofo André Comte-Sponville. Esta colección de aforismos es la primera aproximación del autor a los intereses y temas que ha ido desarrollando a lo largo de toda su obra, e incluso a aquellos autores ?Epicuro, Spinoza, Montaigne y Marx, entre otros? que se han convertido en los referentes de su viaje filosófico.
“¿Por qué es imposible que los filósofos de hoy en día no puedan escribir, al menos en parte, como hablan? ¿Son necesarias estas palabras tan terriblemente artificiales? ¿No se puede decir lo mismo de una forma más natural y humana? ¿Debe ser insoportable un libro para que sea de filosofía?”.
Siguiendo la estela de estas palabras que Friedrich W. J. Shelling dejó escritas hace más de doscientos años, Günther Anders centró buena parte de su obra en la reflexión sobre el lenguaje y el estilo filosóficos. Su búsqueda de un tono directo, lo menos “deformado” posible, que beba del mismo lenguaje cotidiano sin que por ello pierda precisión y claridad, lo opuso a la forma estilísticamente esotérica habitual dentro de su propio gremio: “Porque no hay ningún grupo que escriba en bloque de forma tan deplorable como ellos, y su tono de mezcla de cátedra sagrada, de mística y olor a moho, de exaltación y cuero es apenas soportable al oído del amante de la verdad”.
De todo ello trata, con ironía y a veces con amargura, pero con implacable lucidez, el texto que aquí presentamos, “Sobre el esoterismo del lenguaje filosófico”, hasta la fecha la única versión completa y corregida que existe en castellano.
«El imperio de la ley es la única alternativa al imperio de la fuerza. Sólo bajo el gobierno de las leyes, el ser humano puede vivir en libertad y en paz. Si no nos sometemos al Derecho, la ley del más fuerte, las fauces del totalitarismo acechan y amenazan con devorar la libertad y la convivencia», señala el autor en la introducción a este libro.
El imperio de la ley es un concepto jurídico que somete la acción estatal a una regla fundamental: la Constitución. La dignidad del ser humano es un valor básico de la propia Constitución que está necesariamente relacionada con la libertad, también con la libertad política, es decir, con la democracia.
El imperio de la ley, o lo que es lo mismo, el Estado de derecho, pone de relevancia que el principio del derecho constitucional es proteger la dignidad de los individuos. Sin embargo, para que el derecho incida en la conciencia social, no tanto de los juristas sino de toda la sociedad, es preciso fomentar una cultura cívica a través de la enseñanza y la educación, así como también por parte de las propias instituciones y de las personas. Y si esto fracasa, el Estado de derecho también fracasará, porque, si bien las garantías para proteger al imperio de la ley son, ante todo, jurídicas, también son políticas y sociales.