Aunque parecen haber proliferado especialmente durante la pandemia, las teorías conspirativas llevan siglos señalando culpables ocultos de grandes catástrofes y desenmascarando a los titiriteros que mueven en secreto los hilos de la realidad. Pese a ello, no han sido objeto de estudio sociológico sistemático hasta hace apenas medio siglo, por lo que siguen abiertas incógnitas cruciales. ¿Cómo se define una teoría de la conspiración y cómo se distingue de otras ideas o creencias? ¿Qué factores psicológicos, sociales y políticos propician que las personas crean en estas teorías? ¿Cuál es la estrategia más adecuada para investigar sobre ellas? ¿Cómo se puede intervenir para atenuar sus efectos nocivos? Este libro recoge las principales aportaciones hasta la fecha e invita a continuar avanzando. Alejandro Romero Reche Enseña Teoría Sociológica Contemporánea y Análisis Electoral en la Universidad de Granada. Investiga sobre sociología del humor y teorías conspirativas.
Sócrates no solo fue uno de los filósofos más conocidos e influyentes de la historia de la humanidad, sino también el primer mártir de sus ideas. El proceso judicial que lo condenó expone cómo la democracia más grande de la época podía empujar a la muerte a sus mejores ciudadanos. Atenas, 399 a.C. En el que podría considerarse el primer juicio por crímenes de opinión, Sócrates es condenado a muerte. Acusado de corromper a la juventud y negar a los dioses de la ciudad, el filósofo despliega una defensa intransigente y provocativa. No obstante, una mayoría de jurados lo insta a ir a prisión y beber la cicuta. Una vez prisionero, mientras espera su ejecución rodeado de sus amigos y discípulos, se niega a escapar para no violar las leyes a las que siempre ha sido devoto.
Casi 2500 años después, la figura de Sócrates sigue suscitando interpretaciones encontradas. Considerado el padre de la filosofía occidental, se le recuerda por su humildad intelectual, su disposición al diálogo y su trágico final. Sin embargo, el carácter verdaderamente radical de su pensamiento ha sido, en muchos casos, domesticado o malinterpretado.
En Sócrates al descubierto, Agnes Callard —renombrada filósofa y profesora de la Universidad de Chicago— recupera con brillantez el núcleo subversivo de la práctica socrática. Frente a la imagen de un Sócrates irónico o meramente retórico, Callard propone una lectura en la que el método socrático emerge como una herramienta de transformación personal y colectiva, orientada a la formulación rigurosa de las preguntas fundamentales de la existencia.