Las ratas es una novela construida a partir de una sucesión de anécdotas en las que rememora un pueblo desaparecido de Castilla. Se centra en la vida de Nini y el Ratero, los cuales desarrollaban su vida dentro de una cueva, y vivían a costa de la caza de ratas en el río del pueblo. Toda la grandeza de Castilla a través de la rebeldía callada y dulce de un niño.
Sería difícil encontrar un grupo humano más alejado de nuestra fisonomía y de nuestros patrones culturales que los habitantes de la selva africana mal conocidos como «pigmeos». Están lejos de nosotros y de todo el mundo. Son los exóticos de los exóticos. Homero les da ese nombre a unos seres en la Ilíada, y de sus versos nace uno de los malentendidos más ridículos y perdurables de la historia científica. El poeta se refería a unas criaturas tan fabulosas como nuestros duendes. Sin embargo, el mito siguió vivo, y, a partir del siglo XIX, contra todo pronóstico y empujados por la ciencia, la literatura y la fantasía, muchos exploradores han ido en su busca al corazón de África.
Detrás de las altas paredes perimetrales, más allá de los portones reforzados por barreras y flanqueados por garitas de vigilancia, se encuentra Altos de la Cascada. Afuera, la ruta, la barriada popular de Santa María de los Tigrecitos, la autopista, la ciudad, el resto del mundo.
En Altos de la Cascada viven familias que llevan un mismo estilo de vida y que quieren mantenerlo cueste lo que cueste. Allí, en el country, un grupo de amigos se reúne semanalmente lejos de las miradas de sus hijos, sus empleadas domésticas y sus esposas, quienes, excluidas del encuentro varonil, se autodenominan, bromeando, "las viudas de los jueves". Pero una noche la rutina se quiebra y ese hecho permite descubrir, en un país que se desmorona, el lado oscuro de una vida "perfecta".
¿Por qué yo no hablo la lengua de mi madre? Con esa pregunta, realizada desde la memoria enraizada en el silencio, Socorro Venegas construye una revolución atravesada por la dignidad de una vida en los márgenes, la revaloración de las lenguas originarias, el diálogo colectivo del duelo, la infancia como territorio trágico y el misterio de las maternidades. En estas páginas mestizas que oscilan entre la memoria poética, el ensayo inestable, la autobiografía imaginaria, la novela sin ficción, la autora se apropia de un río de voces, de testimonios forjados a sangre y fuego, de un dolor que es lengua que no siempre se articula para escucharse. Sus páginas elevan una épica íntima, una belleza imborrable, una meditación social y política, una resistencia de nuestras ancestras desde hace más de quinientos años. Las mujeres de este libro aman y resisten, se equivocan y, en sus silencios, cargan secretos de los que no se sienten orgullosas: están vivas. Sus palabras son un abrazo.
¿Qué sucede cuando, ante la ausencia de justicia,
florece el sofisticado e inclemente arte de la venganza?
Por un lío de faldas, Nando Barragán da muerte a su primo hermano, Adriano Monsalve, y éste es el detonante de una saga marcada por un férreo código de honor: la sangre con sangre se paga y la guerra solo encontrará fin cuando un clan haya exterminado a todos los miembros varones del otro.
Restrepo construye un thriller en el que arraigados valores tribales y ancestrales ritos de guerra se enfrentan al crudo pragmatismo sicarial de la modernidad, donde el dinero irrumpe como arma letal. Leopardo al sol es una novela en la que la lucha a muerte entre hombres se contrapuntea con el afán de las mujeres por preservar las vidas de los suyos, y también es la apasionante historia de un amor que atraviesa la barrera entre los bandos rivales y desafía la inevitabilidad de la guerra.
En este libro el escritor plantea un homenaje a los bestiarios medievales. Con ironía, erudición e inteligencia Jorge Luis Borges lleva a los lectores por los pasadizos históricos de la imaginación, revelando formas y seres insólitos que van desde el hipogrifo concebido por los griegos como una mezcla de águila, león y serpiente hasta un monstruo informe solo soñado por Kafka.
Este extraordinario viaje por la historia literaria es también una exploración de las obsesiones, los miedos y los anhelos de la humanidad.
Libro de Manuel (1973) es una síntesis polémica de las búsquedas estéticas de Cortázar y de su interés por los movimientos revolucionarios de aquellos años. Puede leerse como un desplazamiento natural de los personajes y los temas de Rayuela hacia las urgencias y los fervores de un mundo convulsinado. Pero conserva de esta novela fundamental toda la fantasía, el desenfado y la frescura que han hecho de Cortázar un escritor único e irrepetible dentro del panorama literario del siglo XX.
A punto de incorporarse a su antiguo tercio en Flandes, Diego Alatriste se ve envuelto por mediación de su amigo don Francisco de Quevedo en otra peligrosa aventura. Una mujer ha aparecido estrangulada en una silla de manos frente a la iglesia de San Ginés, con una bolsa de dinero y una nota manuscrita: «Para misas por su alma». El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras las paredes de un convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí a una joven novicia.
En el azaroso y fascinante Madrid de Felipe IV, entre lances, tabernas, garitos, intrigas y estocadas, la aventura pondrá en juego la vida de los amigos del capitán, haciendo surgir del pasado los fantasmas de viejos enemigos: el pérfido secretario real Luis de Alquézar, el inquisidor fray Emilio Bocanegra y el siniestro espadachín italiano Gualterio Malatesta.
Durante la noche del 24 al 25 de julio de 1938, la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruza el río para establecer una cabeza de puente en Castellets del Segre. En las inmediaciones del pueblo, medio batallón de infantería, un tabor marroquí y una compañía de la Legión defienden la zona. Está a punto de comenzar la batalla del Ebro, la más cruda y sangrienta que se libró nunca en suelo español.
Combinando de forma magistral la ficción con datos históricos y testimonios personales, Arturo Pérez-Reverte sitúa al lector, con sobrecogedor realismo, entre quienes, voluntarios o a la fuerza, lucharon en los frentes de batalla de la Guerra Civil. Sus nombres no son los que recuerda la Historia, pero cuanto les sucedió resuena en estas páginas con el dramatismo de una memoria que nos pertenece a todos.
Lo cierto es que nunca he podido narrar –ni opinar– desde un lugar discreto, nunca he podido hacerme invisible, y para ser sincera tampoco lo he intentado. Amo la realidad que desenmascaramos en cada uno de nuestros actos. Amo la voluntad de asombro.
Creo que lo más honesto que puedo hacer literariamente es contar las cosas como las veo, sin artificios, sin disfraces, sin filtros, sin mentiras, con mis prejuicios, obsesiones y complejos, con las verdades en minúscula y por lo general sospechosas. Hacerlo de otra manera seria presuntuoso por mi parte. Estaría engañándome y engañándolos».