COMO DE QUINCEY Y TANTOS OTROS, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé qué mérito tendrán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo... La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambos son iguales.
Felizmente, no nos debemos a una sola tradición; podemos aspirar a todas. Mis limitaciones personales y mi curiosidad dejan aquí su testimonio.
J.L.B.
EL ESCRITOR VIVE, la tarea de ser poeta no se cumple en determinado horario. Nadie es poeta de ocho a dos y de dos a seis. Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente. De igual modo que un pintor, supongo, siente que los colores y las formas están asediándolo. O que un músico siente que el extraño mundo de los sonidos —el mundo más extraño del arte— está siempre buscándolo, que hay melodías y disonancias que lo buscan. Para la tarea del artista, la ceguera no es del todo una desdicha: puede ser un instrumento.
J.L.B.
«Había una vez una prostituta llamada María...» así, comienza la novela que conmovió al mundo. Once minutos es una obra de realismo social y crítico a través del erotismo y el sexo. Reclama la importancia de no negar los instintos que surgen del lado oscuro del deseo. Es la reivindicación de la sexualidad femenina y la exploración del miedo a la entrega total más allá de tus propias barreras. Porque el mundo gira alrededor de algo que dura solamente once minutos.
La narradora de esta novela estudia para consolidar su futuro profesional. Ha conseguido un puesto de interina en una oficina administrativa, y afrontar una oposición parece ser el paso lógico en su carrera. Sin embargo, otro tipo de oposición, la interna, basada en su observación del día a día funcionarial, hace que no lo tenga nada claro. El edificio donde ha sido destinada, tan gigantesco como hermético, es un lugar de jerarquías incomprensibles, que la expulsa al mismo tiempo que la absorbe. Como nadie le explica sus funciones, se ve forzada a improvisar, disimular por vergüenza y registrar su malestar con dibujos y poemas tan desplazados de la realidad como el trabajo mismo. Los funcionarios que la rodean, cada uno con sus particularidades y conflictos, han desarrollado los tics y las manías propios de las rutinas laborales y la obediencia acrítica.
Escrito a ratos desde el desgarro, y siempre desde la emoción, este libro es la crónica íntima de la España de las últimas décadas, pero también una narración sobre todo aquello que nos recuerda que somos seres vulnerables, sobre la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando nada parece hacerlo posible, cuando casi todos los lazos que nos unían a los demás han desaparecido o los hemos roto. Y sobrevivimos.
Como un rompecabezas que no está completo sin todas las piezas, la literatura de Clarice se completa con estos escritos.
Este libro contiene algunas piezas esenciales para comprender la obra de Clarice Lispector. Seguir la impresionante entrevista que en 1976, un año antes de su muerte, concedió de manera excepcional es acercarse al misterio que ella quiso ser y plasmar con un lenguaje que va más allá de la palabra.
«He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose».
En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar su primera novela, la autora de este libro estuvo a punto de morir. Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo, ella y su pareja se estaban muriendo. La caldera tenía una fuga y el monóxido de carbono les fue adormeciendo hasta que Marta se levantó a duras penas para ir al baño. Ahí, cayó desplomada y se golpeó la cabeza. Cinco años ha necesitado para narrar esta experiencia en una historia que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza.
Oxígeno es «el libro que nunca hubiera querido escribir», el relato de los minutos en los que se les escapaba la vida, el de los meses que siguieron el accidente y el de los años que lo precedieron todo, cuando se enamoraron y empezaron a construir una vida sin pensar que podría terminar en cualquier momento. Combinando con maestría la sensibilidad, el sentido del humor y la lucidez, la autora mira de frente a la muerte para celebrar el asombro diario de seguir aquí.
«He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose».
En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar su primera novela, la autora de este libro estuvo a punto de perder la vida. Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo, ella y su pareja se estaban muriendo. La caldera tenía una fuga y el monóxido de carbono los fue adormeciendo hasta que Marta se levantó a duras penas para ir al baño. Ahí, cayó desplomada y se golpeó la cabeza. Cinco años ha necesitado para narrar esta experiencia en una historia que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza.
Oxígeno es «el libro que nunca hubiera querido escribir», el relato de los minutos en los que se le escapaba la vida, el de los meses que siguieron el accidente y el de los años que lo precedieron todo, cuando ella y su pareja se enamoraron y empezaron a construir una vida sin pensar que podría terminar en cualquier momento. Combinando con maestría la sensibilidad, el sentido del humor y la lucidez, la autora mira de frente a la muerte para celebrar el asombro diario de seguir aquí.
Una noche de otoño, unos pescadores descubren un cadáver en la playa del Chivo, en La Habana. La víctima, Miguel Forcade Mier, ha sido asesinada con una saña brutal, casi inexplicable. Este crimen removerá una antigua trama de corrupciones y viejas ambiciones frustradas, ya que, en efecto, en los años sesenta Forcade había dirigido oficialmente las expropiaciones de bienes artísticos requisados a la burguesía tras la Revolución. Pero, después de acumular poder, influencia y, seguramente, no pocas envidias y resentimientos, en 1978 Forcade decidió, sin motivo aparente, sumarse al exilio de Miami. Sin embargo, poco antes de su asesinato, había vuelto misteriosamente a Cuba, casi como si hubiera querido recuperar algo muy valioso y cuya existencia sólo él conocía. Como el caso se presenta delicado, ¿quién mejor para dar con el asesino que el teniente investigador Mario Conde, viejo zorro en esos menesteres, al parecer sin nada ya que perder?
Las historias de Samanta Schweblin obsesionan e hipnotizan, cuestionan la realidad como cada sombra y cada golpe acechándonos en las noches de insomnio. En los cuentos de Pájaros en la boca el lector deberá mirar de frente esos mundos en los que el crujido de las alas de un pájaro, una mujer abandonada en la ruta o el infierno fantasmal de un asesinato son la confirmación de que la vida puede ser tan pesadillesca como hermosa. En la huella de Raymond Carver, David Lynch y Flannery O'Connor, la escritura de Schweblin difumina con maestría la línea entre lo extraño y lo cotidiano, arrastrando al lector a un estimulante tour de force que le acelerará el pulso.