Henry Turner se da cuenta de que va a tener que currárselo cuando acaba en una clase complicada con el profesor que menos le gusta. Encima, ahora es el nuevo capitán del equipo de hockey, así que no puede permitirse fallar. Pero todo cambia cuando se cuela en un club de lectura accidentalmente y conoce a Halle Jacobs.
Ella es una auténtica superestrella cuando se trata de hincar los codos. Aunque entre sus propias clases, el trabajo, el club de lectura y la novela que está intentando escribir no tiene tiempo para ser tutora de nadie, se ofrece a ayudar a Henry. Además, ¿no dicen que las nuevas experiencias ayudan a salir de los bloqueos creativos? Y él promete que va a darle muchas...
Lo único que tienen que hacer es ceñirse al reglamento que han establecido.
Ah, y no enamorarse, claro.
Luka recurre a la música para comprender sus pensamientos. Nora la utiliza para huir de ellos.
Luka no tiene muy claro cuál es su papel en el mundo. Ahora que ha salido del agujero que lo consumió el año pasado, está decidido a reconstruir su vida y arreglar todo lo que una vez rompió. Para ello, tendrá no solo que reconciliarse con su entorno, sino también consigo mismo, y desempolvar esos sueños que, hace ya un tiempo, dejó guardados en un cajón.
Nora posee un gran talento: mentir. Se le da genial hacer creer a sus padres que ha encontrado su hogar en Finlandia y que tiene un trabajo, un novio y una vida perfectos, como su hermana Margot. La realidad es que, debido a un reciente giro de los acontecimientos —que incluye a su mejor amigo, del que sigue enamorada, y a su nueva novia—, necesita encontrar a un nuevo compañero de piso de forma urgente.
Cuando, por caprichos del destino, Nora y Luka se ven obligados a convivir, el pasado sigue haciendo mella en ellos. No se llevan bien, pero pronto descubren que los dos se necesitan mutuamente, así que llegan a un acuerdo: Luka ayudará a Nora a mantener la farsa con su familia a cambio de que, cuando llegue el momento, ella le devuelva el favor. Total, fingir una relación tampoco tiene que ser tan difícil, ¿no?
Con todas las cosas que los diferencian, ¿quién iba a decir que tendrían tantas otras en común?
Varela de Mar es un pueblo pequeño y tranquilo. Doscientos treinta y tres habitantes. Una playa que desaparece cuando sube la marea. Un faro abandonado.
Por eso Alba no lo visita desde hace cinco años. Bueno, por eso y porque allí fue donde aprendió lo que duele el amor, y la herida aún escuece.
Sin embargo, en Varela vive Pelayo, su abuelo, quien ha comenzado a olvidar y ahora la necesita. También están los recuerdos que dejó en sus calles cuando se marchó sin mirar atrás. Y Enol, el chico de las conversaciones raras, la obsesión por las mareas y que parece haber nacido en la época equivocada.
Un regreso inesperado, un faro lleno de secretos y dos historias inacabadas que, quizá, se merecen la oportunidad de un nuevo final.
«Alba, vive el presente. Porque un día será pasado y te atormentará no haberte dado cuenta antes de que todo acaba, incluso lo que creías que era para siempre».