En noviembre de 1914, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Stefan Zweig anotó en sus Diarios: "He tenido que escribir a Romain Rolland, necesitaba desahogarme con un amigo. Aquí nadie me entiende: carecen de la voluntad firme de ser justos". Y precisamente ese elevado sentido de la justicia, así como su fervorosa defensa del pacifismo y de los ideales humanistas, unió al futuro Nobel francés con su más fiel discípulo austríaco. Ambos se pronunciaron públicamente contra la contienda, denunciando en sus cartas las noticias falsas, el odio entre naciones y el egoísmo de los que guardan silencio.
Diarios en la vieja rectoría es un acercamiento al primer año de convivencia del célebre escritor Nathaniel Hawthorne y su esposa Sophia, cuando, recién casados, se instalaron en una casa de Concord. Es también la exploración de un entorno aún por descubrir, de un paisaje, natural y cultural, donde coincidieron personalidades tan destacadas como Thoreau y Emerson, figuras capitales del pensamiento trascendentalista. Esta filosofía, surgida en parte como reacción al impacto que tuvo la Revolución Industrial sobre la naturaleza y el orden social, se manifiesta en estas páginas en esa forma a veces sobrecogida, a veces exaltada, con que el matrimonio cuida cada retazo del jardín, los frutos de la tierra y las orillas del río que pasa junto a su hogar, en lo que supone una lección moral, elegantemente descrita y con una profundidad tan sabia como enternecedora, para nuestros días.
Días 1931-1934 es uno de los volúmenes más decisivos del conjunto de diarios de Yorgos Seferis. En el podemos asistir al nacimiento y hasta la configuración de algunos de los rasgos más característicos de la obra del poeta y ensayista griego, así como a la exploración de su mundo interior y de su personalidad creadora. Desde la obsesión por el cuerpo y la sensualidad hasta el interes por la traducción poetica, pasando por su pasión por la música, las arraigadas aversiones, el acercamiento a la obra de Eliot o el peso, a veces insoportable, de dramáticos conflictos psicológicos, el lector es aquí testigo de una interioridad atormentada, que llega incluso a desdoblarse a veces en otras figuras creadoras (como Estratis el Marino).
Seix Barral rescata la conmovedora novela póstuma e inédita en castellano del gran maestro Kawabata, cuando se cumplen 125 años de su nacimiento.
Dientes de león narra la historia de Inako, una joven enamorada afectada por una extraña condición, la “ceguera del cuerpo”, por la que siente que los objetos y las personas que ama se vuelven invisibles. Kuno, su novio, quisiera desposarla para estar a su lado y cuidarla, pero la madre de Ineko cree que es mejor que la joven se cure primero y decide internarla.
La novela entera transcurre en un día y recoge la charla que Kuno y la madre de Inako tienen en una posada cercana, después de haberla dejado en el asilo Ikuta, ese hospital cercado por pasionarias y dientes de león. Kuno llega a creer que la enfermedad de Inako es provocada por su amor. La madre de Inako, en cambio, atribuye la culpa a la muerte de su padre. Ambos se plantearán, en definitiva, si son el problema o la solución a lo ocurrido con la chica.