La Conjura De Los Necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, tambien es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personajes, situados en la portuaria ciudad de Nueva Orleans, magistral Ignatius. Él es un incomprendido, una persona de treinta y pocos años que vive en la casa de su madre y que lucha por lograr un mundo mejor desde el interior de su habitación. Pero cruelmente se verá arrastrado a vagar por las calles de Nueva Orleans en busca de trabajo, obligado a adentrarse en la sociedad, con la que mantiene una relación de repulsión mutua, para poder sufragar los gastos causados por su madre en un accidente de coche mientras conducía ebria.
Los humanos casi se han extinguido. Big Hig no está infectado, así que sigue aquí. Intenta mantenerse con vida en un hangar junto a su perro. También con la ayuda de su pequeño avión Cessna y de Bangley, su vecino violento. Y con un libro de poemas, algo de petróleo y cada lata de Coca-Cola que puede conseguir. Su esposa también ha muerto (está tan solo que inventó una constelación para ella). Incluso cuando parece que ya no queda nada, él quiere continuar. Pero sobrevivir ya no es suficiente. Entonces se le presenta la oportunidad de cambiarlo todo, de lanzarse a la búsqueda de lo desconocido para encontrar algo que jamás hubiese imaginado.
La contravida habla de las personas que para hacer reales sus sueños de renovación y huida, concentran sus vidas, e incluso las arriesgan, en cambiar un destino que parece irreversible.
Donde quiera que se encuentren, los personajes de esta novela están permanentemente tentados por la posibilidad de una existencia alternativa que podría dar un giro a su futuro. Iluminando estas vidas en transición y guiándolas a través de paisajes familiares o ajenos está la mente del novelista Nathan Zuckerman, escéptica y envolvente. Ella calcula cuál es el precio que hay que pagar por querer moldear la historia, tanto en la consulta de un dentista de New Jersey como en un pueblo de Gloucestershire, en una iglesia del West End londinense o en un asentamiento judío de Cisjordania.
La corona de hierba, segundo libro de la serie iniciada con El primer hombre de Roma, es la historia del enfrentamiento de Mario y Sila por el poder en Roma. El relato empieza en el año 97 a.C, bajo el feroz mandato de Cayo Mario. Roma ha conquistado el mundo occidental, resistido la invasión y aplastado a sus enemigos. A Mario solo le queda un paso más para alcanzar la gloria: conseguir un séptimo consulado, algo sin precedentes en la historia de Roma. Pero el premio más grande exige el precio más alto. Mario, ahora envejecido y enfermo, se enfrenta a una nueva generación de jóvenes que lucharán entre sí para ocupar los puestos de mayor autoridad. A muchos les gustaría ver fallar al cónsul, entre ellos Lucio Cornelio Sila. La disputa de Sila y Mario por el poder solo se puede ganar mediante la traición y la sangre. Mientras un odio mortal envuelve a ambos hombres, Roma debe librar su propia batalla por la supervivencia.
El antaño poderoso Imperio de Sekemleth se ve amenazado por la decadencia y la ruina; los nobles rivales luchan por la supremacía y están dispuestos a todo para conseguirla. El influyente aristócrata Orhan Emereth, que planea arrebatar el trono con ayuda de un ejército de mercenarios, ignora que entre sus filas se oculta un joven muy especial: Marith, que no solo huye de su propio pasado, sino también de su padre, un hombre tan poderoso como empeñado en verlo muerto.
La suma sacerdotisa Thalia, una de las figuras más respetadas del Estado, jamás ha abandonado su templo, pero cuando empieza la masacre del golpe de Estado, tiene que huir para escapar de una muerte segura. En su camino se cruza con Marith, quien le promete que la sacará con vida de la ciudad. Juntos se convertirán en piezas clave en el gran juego por el poder.
Jean-Marie Gustave Le Clézio es uno de los novelistas franceses más celebrados y leídos en su país desde que, en 1963, ganara el renombrado Premio Renaudot con su primera novela, Le procès-verbal. Lo curioso es que, tras haber escrito más de treinta libros y haber sido traducido en el mundo entero, en nuestra lengua aún siga siendo prácticamente desconocido. Con la publicación de La cuarentena queremos remediar este incomprensible «descuido» y situar por fin a Le Clézio, también entre nosotros, en el lugar que merece.
Corre el año 1872 cuando en una taberna parisiense irrumpe desafiante el poeta Arthur Rimbaud y amenaza a la clientela. Diecinueve años después, Jacques Archambau, un joven médico que de niño asistió atónito a la tormentosa escena y que ignora cuán ligado se halla su destino al del célebre poeta, embarca en el Ava con su esposa Suzanne y su hermano Léon rumbo a la isla Mauricio, su tierra natal. Allí les espera el gran clan familiar que antaño expulsara al padre de Jacques y Léon. Sin embargo, tras declararse dos casos de cólera en el barco, los pasajeros -un puñado de europeos y multitud de indios contratados para la recolección de la caña de azúcar- se ven obligados a desembarcar en la isla Plate, frente a Mauricio, para pasar la cuarentena. Abandonados a su suerte, verán convertirse la paradisiaca isla en un infierno del que no saben si saldrán con vida. Frente a un Jacques perplejo y una Suzanne tal vez ya contagiada, Léon volverá los ojos hacia la isla, hacia la joven y bella india Suryavati. Hacia la vida.
En su recorrido de la niñez a la adolescencia, el joven Naka nos ofrece un delicioso y vívido retrato de la vida a finales del período Meiji (1912). Una crónica íntima y evocadora sobre los gustos, estilo de vida, paisajes, objetos y modales de un Japón perdido. La cuchara de plata son las memorias de la infancia más elogiadas y leídas de Japón. Kansuke Naka fue un poeta, ensayista y novelista japonés, discípulo de Soseki Natsume, quien elogió profusamente la “frescura y dignidad” de la prosa de Naka y apoyó la primera edición de este libro. La oportunidad de viajar a un Japón que ya no existe de la mano de uno de sus escritores imprescindibles, cuya prosa elegante y exquisita tiene el poder de sumergirnos en una de esas historias que perduran en la memoria mucho tiempo después de haber sido leídas. “Maravilloso, fácil de leer y lleno de información fascinante sobre la vida y la cultura japonesas” San Francisco Book Review “Su perdurable estatus como uno de los relatos más queridos de Japón sobre la vida en Tokio a principios del siglo XX se debe no sólo a los detalles históricos de Naka, sino también a que es una parábola de nuestro sentido contemporáneo del aislamiento” The Japan Times
Ésta es la historia de Merlín, de cómo su origen bastardo le marcó en sus primeros años de vida, de sus comienzos como mago bajo la tutela del ermitaño Galapas, del encuentro con su padre -el rey Ambrosio- y de su aprendizaje en el camino de la adivinación.
La novela nos muestra desde su infancia hasta su primera juventud, cuando Merlín ayuda al rey Úter a entrar en las habitaciones de Ygerne y colabora de este modo en la gestación del futuro rey Arturo.
La cueva de cristal es también una historia del territorio que actualmente conocemos como Gran Bretaña, y de las alianzas entre sus reyes del siglo V d.C., una época protagonizada por las dispuestas entre las diferentes facciones nobiliarias por el dominio de la isla.
El primer libro feminista de la historia.
La ciudad de las damas es la respuesta de Pizan al popular Roman de la Rose, de Guillaume de Lorris. Las afirmaciones que hay en este sobre las mujeres son combatidas por Pizan mediante una ciudad alegórica: Pizan defiende a las mujeres citando una amplia gama de figuras femeninas ilustres, que estarán «alojadas» en la Ciudad de las Damas. A medida que Pizan construye su ciudad, nombra a mujeres ilustres para defenderse de los argumentos misóginos vertidos por numerosos autores. Cada mujer nombrada es ejemplo de esa contraargumentación.