El volumen 5 de la BCRAE presenta la obra más conocida de Don Juan Manuel, El conde Lucanor (1335), colección de cincuenta ejemplos, tres colecciones de proverbios progresivamente más complejos y un tratado de doctrina cristiana.
La unidad de esta obra se debe, por un lado, a su propósito didáctico, de educación de los nobles de su tiempo, y por otro a la constante presencia de dos interlocutores, el conde Lucanor y su ayo Patronio, quien aconseja, a través de los distintos procedimientos didácticos a su disposición, el saber teórico y práctico que necesitaba reunir un aristócrata de su tiempo, y con él cualquier lector u oyente del libro.
Edgar Allan Poe dejó un legado literario que se convertiría en un punto de referencia constante para todas las artes y que aflora en autores tan variados como Baudelaire, Dostoievski, Cortázar o Stephen King. Autores de la talla de Matisse, Manet y Gauguin pintaron obras en las que plasmaban el rostro de Poe o imágenes de sus relatos, y el cine sigue rindiéndole homenaje año tras año. Su prosa es hoy un modelo clásico estudiado por todo aspirante a escritor de narrativa breve, y la huella de Poe en la literatura detectivesca y de terror es incuestionable. Este volumen incluye dieciséis de sus mejores relatos; títulos como «La caída de la Casa Usher», «Los crímenes de la calle Morgue» o «La carta robada» son considerados piezas maestras de la literatura universal.
Con su característico y afilado sentido del humor, además de su inclinación por desafiar lo establecido, Twain se adentra, con una audacia inesperada para su tiempo, en el travestismo, la homosexualidad y la fluidez de género.
Estos relatos, considerados durante décadas demasiado escandalosos para ver la luz, fueron censurados o relegados al olvido por considerarse inapropiados en el mundo editorial. Rescatados por la Universidad de California a finales del siglo xx, se publican por primera vez en español en esta edición que reúne cuatro cuentos que subvierten identidades, desmontan expectativas y revelan, con inusual libertad narrativa, una faceta inesperada del genio de Twain que nos permite releerlo desde una nueva perspectiva, más irreverente, más lúcida y quizá más actual que nunca.